imagotipo

Tornavuelta

  • Pablo Marentes

El ocho de octubre de 1565 el fraile Andrés de Urdaneta llegó a Acapulco procedente de Manila después de haber recorrido en 130 días 20 mil kilómetros del Océano Pacífico. Había consumado el Viaje de Tornavuelta, como es conocida la ruta de regreso de Las Filipinas a Acapulco, México. Se iniciaba la primera y esencial etapa de integración oceánica. Se inaugura así, la ruta de navegación mercante más larga y de mayor duración en la historia del Mundo.

Acerca de este portento de la inteligencia, de la inventiva, la técnica y la tenacidad mexicanas, ya hemos dado detalles a lo largo de los pasados 15 años.  La hazaña inaugura el siglo de los Descubrimientos mexicanos. Porque mexicanas fueron las tripulaciones de las expediciones que afirmaron que la Baja California no era una isla, sino una península que forma parte del territorio mexicano. Tlaxcaltecas fueron los guías que condujeron a Cortés primero a Las Hibueras y de regreso a Tenochtitlan, para luego caminar hacia el norte del extendido mapa mexicano de la Colonia para recorrer el larguísimo Río Grande o Río Bravo, nuestra actual frontera porosa con Estados Unidos.

Acapulco fue también la sede de la primera feria comercial mundial. A la llegada del galeón, se montaban los puestos de los más variados artículos y mercancías: textiles, telas e hilos, artesanías, obras de arte, tallas en madera, cofres, sillas, mantones… Y de Acapulco, por la llamada Ruta de China, se trasladaban los artículos destinados para el comercio con Europa Occidental al puerto de Veracruz, para la travesía del Atlántico. De Acapulco salía el Galeón cargado de lingotes de plata que en grandes cantidades demandaba China. Ese comercio fue conocido como la Ruta de la Plata. El historiador del Comercio, Peter Gordon, lo describe minuciosamente en la Ruta de la Plata: China, Iberoamérica y el origen de la Globalización: 1565-1815. El Galeón de Acapulco –que no La Nao de China, ni el Galeón de Manila–, también llevaba maderas preciosas y tintes animales, como la cochinilla oaxaqueña. Y hojas de espadas Samurái templadas aquí. Las idas y los regresos del Galeón estaban plagados de corsarios holandeses e ingleses. Raleigh se identificaba como bucanero. Atacaban Acapulco y Campeche. El Galeón de Acapulco atravesó el Pacífico durante 350 años ininterrumpidos. ¿Por qué recordar esta hazaña tricentenaria mexicana? Porque en el Fuerte de San Diego, tres tristes salas, tímidas, descuidadas exhiben desperdigados objetos y cartelones de La Nao de China… ¡La Nao de China! Algún letrero minúsculo muestra la denominación El Galeón de Manila. También porque México es el país que ha firmado el mayor número de tratados de libre
comercio.

Un tabloide financiero publicó aquí el 26 de junio una nota que señala que “Singapur bien podría ser el brazo exportador que México necesita en Asia para diversificar sus mercados con la región que registra el mayor crecimiento comercial del mundo.” Ese puerto registra mayor tráfico mundial de contenedores. México está desarrollando un sistema multimodal de manejo de mercancías en el Istmo de Tehuantepec. Mantienen los marinos y los habitantes del litoral del Pacífico, la memoria del comercio oceánico con Filipinas y  China. Y Singapur es el segundo destino comercial de México. La memoria de 350 años del Galeón de Acapulco está fresca y actual. Conviene quitar las telarañas del museo del Fuerte de San Diego.