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¡Traidores a nuestra patria!

  • Betty Zanolli

Betty Zanolli Fabila

1910 no solo fue un parteaguas en nuestra trayectoria patria. Fue también el inicio de una de las décadas más boyantes de la producción petrolera, al pasar de 3.6 millones de barriles anuales (mba) a 12.5 mba en un solo año, superando los 30 mba hacia 1922. Hecho que no pasó desapercibido al Constituyente de 1916-1917, que logró una de sus más trascendentales conquistas sociales al estipular en el párrafo cuarto del artículo 27, que correspondería a la nación el dominio directo del “petróleo y todos los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos”. La ruta quedaba marcada y cuando el 18 de marzo de 1938 el presidente Lázaro Cárdenas decretó la expropiación petrolera, el mundo entero reconoció en esta medida el valeroso intento de un Gobierno por defender la soberanía económica de un país en un momento crucial, próximo al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué dirían ahora Lázaro Cárdenas, Vicente Lombardo Toledano y todos los que participaron en la expropiación si revivieran? Y, peor aún ¿qué sentenciará la historia de nosotros en algunas décadas, por no decir años, cuando los efectos deletéreos de las reformas estructurales sean irreversibles -particularmente en materia energética-, cómo calificará al triunfalismo con el que funcionarios del sector -operadores clave en el proceso de desestatización de la industria petrolera mexicana- se expresaban en junio de 2016 al decir: “Pemex empieza a jugar en las grandes ligas”, como el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, o “esto es un verdadero hito en la historia de Pemex”, como el director de la paraestatal, José Antonio González Anaya, con motivo de la primera asociación de Pemex con capital privado para explorar en aguas profundas del Golfo de México, borrando de tajo la gesta social que hasta ahora fue la última esperanza para promover el desarrollo de nuestro país? ¡Cuán lejanas e irreales resultan ya las palabras del General Cárdenas al justificar la expropiación!“De no ocupar el Gobierno las instituciones de las compañías, vendría la paralización inmediata de la industria petrolera, ocasionando esto males incalculables al resto de la industria y a la economía general del país… Riqueza potencial de la nación; trabajo nativo pagado con exiguos salarios; exención de impuestos; privilegios económicos y tolerancia gubernamental, son los factores del auge de la industria del petróleo en México… Abuso de una tolerancia que se creó al amparo de la ignorancia, de la prevaricación y de la debilidad de los dirigentes del país, es cierto, pero cuya urdimbre pusieron en juego los inversionistas que no supieron encontrar suficientes recursos morales que dar en pago de la riqueza que han venido disfrutando…”. Era otro México, muy distinto al actual que corrobora cómo la historia fatalmente se repite, y no solo por desconocimiento, sino por así convenir a los intereses de los grupos al poder que en el modelo neoliberal se han identificado y cobijado para impulsar el proceso de despojo más descarnado de nuestra historia, en la medida que más allá de la sociedad, es la nación entera la afectada.

Sí, en vísperas de la Ronda dos que ofertará aguas someras del Golfo de México y terrestres de las cuencas de Burgos y del sureste, de potencial inimaginable, hay una certeza: la expropiación petrolera es letra muerta y los principios que la sustentaron, espectrales fantasmas que evocan a un México perdido. ¡Imposible haber imaginado en 1938 que 75 años después las mismas empresas volverían, con renovado y mayor espíritu depredador, a ser dueñas de los recursos energéticos de nuestro país! “Ingresamos a la modernidad”, se dice. No, hemos sido indignos e incapaces de construir una nación auténticamente libre y soberana. ¡Somos traidores a nuestra Patria!
bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli