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Transformers: el último caballero o la hamburguesa mediática

  • La moviola/ Gerardo Gil

Para explicar a Transformers: el último caballero (Michael Bay, 2017), la más reciente entrega cinematográfica de la franquicia basada en los juguetes de Hasbro, la cual a su vez compró la licencia de la empresa japonesa Diacione y Microman, hay que hacer referencia al verdadero espíritu del producto en cuestión: las bondades alimenticias de la comida rápida.

El filme, protagonizado por Mark Wahlberg y con la participación de Anthony Hopknis, Stanley Tucci y un gran elenco, para citar a los clásicos, tiene la misma cantidad de carne, pan y cátsup que las anteriores entregas. Es un producto en serie y se esfuerza en demostrarlo en todo momento.

Porque en el exterior de la película uno podría pensar que la sinopsis, muy atropellada y confusa, se conforma de una muestra genérica hollywoodense, pero en realidad lo que vemos son momentos que apelan a la conciencia consumista-colectiva del espectador.

En el año 484 D.C el Rey Arturo (Liam Garrigan) está a punto de perder una importante batalla, así es que recurre a Merlín (Stanley Tucci), quien a su vez pide a un Caballero Cybertroniano (lo que sea que esto signifique) apoyo. El Transformer de marras (ya así lo pongo para no complicarnos la vida) le da un cetro con poderes, pero le advierte que en un futuro un ser oscuro vendrá por él.

Y el futuro ha llegado en 2017, en pleno verano cinematográfico, así es que vemos a Mark Wahlberg (Cade Yeager), batallar una vez más en contra de los Decepticons, que claro, quieren el cetro, junto con algunos humanos y además debe huir del gobierno ya que sus amigos, los Autobots, han sido declarados ilegales en la Tierra.

Para acabarla de complicar, Cade tiene que lidiar con una adolescente voluntariosa, Izabella (Isabela Moner) que suspira por ser émula de heroína de Star Wars y se une a la batalla para salvar, off course, a la Tierra.

¿Y Sir Anthony Hopkins? Ah, bueno pues será el encargado de decirle a Cade que es el heredero de una estirpe de caballeros destinados a salvar a la humanidad, quien con cara de jauy de rito acepta tal honor.

En el inicio vemos un coqueteo a los filmes épicos y de caballería, con su dosis de fantasía, lo cual no quiere decir que sea propiamente un ejemplo del género, porque la película se arma con retazos de referencias per se visuales y algunas anecdóticas: Escena con niños en bicicleta que encuentran un peligro oculto, persecución de los humanos a los Transformers cual si fuera filme de X-Men, batalla entre Optimus Primey Bumblebee como Batman vs Superman y así hasta el infinito.

Lo anterior sin dejar de lado el acostumbrado discurso conservador político de Bay, ahora desde la perspectiva del ser diferente y escenas muy rápidas con permanente movimiento de cámara, ideal para el público de la generación del déficit de atención.

Transformers: el último caballero es la pulsión consumista del cine hecho en serie, como cualquier alimento de comida rápida, que sin lugar a dudas, se convierte en fenómeno de ventas o éxito de taquilla. El problema, es que puede parecer en un principio sabroso, pero el exceso daña el buen gusto y generalmente después de un par de horas de consumido, uno continúa con hambre.
EN CORTO

Vive por mí cuenta la historia de dos mujeres Ana (Martha Higareda, quien ya es un género mexicano en sí mismo) y Valentina (Tiaré Scanda), quienes padecen insuficiencia renal y necesitan un trasplante para poder vivir.

La primera tiene un ambiente familiar fragmentado, con madre alcohólica Mariluz (Margarita Rosa de Francisco) que tiene un amante en turno Gavilán (Tenoch Huerta), la segunda está obsesionada con embarazarse.

Melodrama clásico mexicano, con un aspecto a favor y otro en contra: En el primer caso, el impacto mediático puede concientizar sobre el tema de la donación de órganos y en el segundo, la oscuridad y poca empatía de los personajes principales con el público.