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Tras la tormenta viene la calma

  • Mireille Roccatti

«imago animi sermo est»

  • Mireille Roccatti

La larga e incierta noche negra del martes ocho de noviembre de 2016, será recordada por nuestra generación por la derrota de la inteligencia frente al primitivismo político de negra entraña que obtuvo la Presidencia de Estados Unidos y para que no quedara duda alguna del mandato popular depositado en las urnas, el control de ambas cámaras.

Esa y no otra es la realidad con la que hay que vivir. El amanecer del día siguiente despertó al mundo con las caídas de las bolsas de valores en todo el mundo, la baja del precio del crudo y en el caso de México, adicionalmente una devaluación mayor del peso frente al dólar. Ante el nerviosismo de los mercados financieros y cambiarios, el secretario de Hacienda y el director de Banco de México, hubieron de salir a explicar las perspectivas del inmediato y mediano plazo de las finanzas nacionales y la fortaleza de nuestra reserva monetaria, así como, la imposibilidad jurídica de un escenario catastrofista en relación con algunas balandronadas de campaña del republicano triunfador.

A lo largo del día, en todo el mundo regreso la calma, por lo menos en los mercados bursátiles y cambiarios. Y en todo el planeta de la perplejidad ante el resultado se pasó a buscar una explicación de lo sucedido. Aun horas antes del inicio de la votación todos los sondeos, encuestas y hasta apuestas aseguraban un triunfo de Hillary Clinton y otra vez, como ha acontecido recientemente éstas fallaron. Esta circunstancia terminará por hacer inviable esta herramienta y con ello el negocio de algunos vivales que las formulan al modo de su empleador.

Seguramente pronto veremos análisis más completos de la composición demoscópica del sufragio, por deciles de edad, ingreso, estudio, por ocupación o lugar de residencia y se podrá entonces buscar algunos referentes, más allá, de los lugares comunes del descontento de los trabajadores blancos del cinturón industrial estadunidense o del indudable racismo, xenofobia, misoginia y el ideal de supremacía blanca de un sector muy considerable de la sociedad estadunidense.

En la coyuntura del día siguiente, aquí en México, algunos pretensos del 2018 buscaron con oportunismo significarse emitiendo mensajes, alguno de corte nacionalista y patriotero que raya en lo patético. Afirman “que no pasa nada” y sí, sí pasa. Pasa que tendremos que replantear la agenda bilateral en su conjunto.

Posteriormente, el Presidente de la República informó de una llamada con el presidente electo y de una voluntad común de establecer relaciones de respeto y colaboración. Lo que no implica que no se pretenda concretar medidas, como la construcción de un muro, del cual, festivos como somos, hemos inundado la red.

La posibilidad de deportaciones masivas de nuestros connacionales, la finalización o modificación de los acuerdos de libre comercio, la retención de remesas, a caída de los flujos turísticos y un largo etcétera de temas, es lo que debe preocuparnos y especialmente ocuparnos. Lo que lastima es que no exista unidad, que en la coyuntura se perciba división y que se obedezca a los propios intereses electoreros y no al bien de la nación.

En fin, ha regresado la calma, pero debemos aprovechar el momentum, diseñar la estrategia, los intereses de los poderes facticos y los controles institucionales de los propios Estados Unidos, acotaran a Trump, aprovechemos esa realidad para beneficio de nuestros propios intereses como nación.

«La palabra es la imagen del alma»