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Tres años a la deriva / Pedro Peñaloza

  • Pedro Peñaloza

“Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender”.

Charles Dickens

1. Punto de arranque y cosmetología de impacto. La administración de Enrique Peña se edificó bajo la expectativa, construida y difundida, de que el arribo de un joven a la Presidencia se podía traducir en un cambio cualitativo, frente a los doce años del panismo y los setenta años del priísmo. La propaganda se expandió con el propósito de taladrar en el imaginario social la palabra “cambio”. El regreso del PRI a Los Pinos debería ser marcado con esta multiplicidad de mensajes y, evidentemente las baterías estaban dirigidas hacia la población joven y los nuevos votantes. Algo tenía que hacer Peña y su grupo que le dieran un sello distinto a la larga noche del priísmo. Encontraron que la negociación de un pacto multipartidista significaría una nueva vestimenta al Gobierno entrante.

2. La utilización mutua y múltiple. El grupo peñista sabía perfectamente que el llamado “Pacto por México” significaba un potente tanque de oxígeno, para ello no se escatimó nada, concesiones al perredismo y al panismo. La izquierda y la derecha también “se frotaron las manos”, podían aprovechar esta efímera luna de miel para sacar algunos dividendos que les favorecieran. Esta jugada pretendía introducir la sensación de que se podía “cogobernar”, aspecto que por supuesto nada tenía que ver con una concepción avanzada y sólida de Gobierno de coalición. Como se vio, el único beneficiado real de este acuerdo publicitario fue el PRI y su Gobierno. Una vez que el pacto se publicitó y se rodeó de reflectores, la política de pañuelo desechable cumplió su cometido, el grupo de Los Pinos lo que quería lo obtuvo, es decir: aislar al lopezobradorismo y darles una especie de abrazo del oso al PRD y al PAN, para después dejarlos a que arreglaran sus ajustes internos.

3. Bebesaurios y Dinosaurios, la combinación perfecta. Es evidente que el “nuevo” PRI fue una mascarada, el país ha sido conducido al desastre en todos los rubros, los viejos reflejos y dinámicas que caracterizaron históricamente al partido “tricolor” se han mantenido, a saber, clientelismo, corporativismo, amiguismo, favoritismo, simulación, represión selectiva a los disidentes, golpes bajos a los opositores, en fin, todo el bagaje tricolor está presente. Sí, vivimos en el peor de los mundos, un viejo PRI sin planteamientos novedosos ni reformas institucionales que trastoquen el poder piramidal del presidencialismo.

4. El cinismo sin ambigüedades. México está atrapado, como país periférico, en la lógica del capitalismo financiero globalizado, sus inercias obedecen con meridiana disciplina a los dictados de las agencias dominantes del planeta, el grupo político local no tiene ninguna voluntad para romper, ni siquiera cuestionar, la opresión de los imperios, lejos de ello, la burocracia política mexicana se ha convertido en una casta sumisa e incondicional a las exigencias de los dueños del mundo. Además, este grupo priísta no ha ocultado su papel de gendarme de los intereses de una burguesía local retrógrada y ventajosa, tan es así que ha llegado al extremo de otorgarle a Alberto Baillères, con el apoyo del panismo y otros, la medalla “Belisario Domínguez”, lo cual es un símbolo inequívoco de un homenaje a la obscena concentración del ingreso y del enriquecimiento inaceptable.

Epílogo. Más allá de comerciales de utilería y de escenas fabricadas, el licenciado Peña tiene que decirnos, ¿cuáles son los indicadores medibles y serios para exhibir avances en su administración? ¿Acaso puede justificar el joven imberbe, la monstruosa desigualdad social que vive el país y en contraste la riqueza inconmensurable y creciente del último decil?

pedropenaloza@yahoo.com / Twitter: @pedro_penaloz