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Tres estrenos franceses / Bazar de la Cultura / Los estrenos franceses

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

“Todo el mundo sabe que las mentiras de quienes nos aman son las declaraciones de amor más bellas”. Así reflexiona Mathilde (Catherine Deneuve), protagonista de “En un patio de París” (“Dans la cour” Francia, 2013), de Pierre Salvadori, uno de los tres estrenos franceses en la cartelera mexicana.“El último diamante” (2014), de Eric Barbier, y “Riviera Francesa” (2014), de André Téchiné completan la terna que el público de la capital disfrutará durante este comienzo de octubre.

Los tres estrenos muestran la diversidad de estilos, temáticas, ritmos y filosofías que caracterizan al cine francés: “En un patio de París” y “RivieraFrancesa” comparten a Catherine Deneuve como protagonista; la diva interpreta a dos personajes completamente distintos: en la primera cinta, es una persona común, pero que tiende a obsesionarse con todo lo que parezca alarmante, desde el cambio climático hasta una grieta en la cocina; en “Riviera Francesa” es la principal accionista de un casino suntuoso, habita una villa opulenta junto al Mediterráneo y viaja en una
limusina con chofer.

“El último diamante” (2014), de Eric Barbier, cuenta con las actuaciones de Yvan Attal y Bérénice Bejo, una actriz que el público mexicano recuerda por su trabajo como una estrella de Hollywood en “El artista” (2011), de Michel Hazanavicius.

– Un exilio voluntario

“En un patio de París” es una película sobre las patologías de la sociedad moderna,  las dificultades para la convivencia, los contraproducentes resultados que a menudo traen consigo las buenas intenciones y los tortuosos caminos que la mala consejera llamada soledad
induce a seguir.

El cancionero Antoine (Gustave Kervern) es un hombre emocionalmente enfermo y él lo sabe. Pero a cada paso  se encuentra con otras personas que no son precisamente un ejemplo de cordura, equilibrio ni madurez: la empleada de la agencia de colocaciones (Carole Frank), por ejemplo, se da al llanto ante el menor percance; el guardia de seguridad Lev (Oleg Kupchik) se dedica en su tiempo libre a repartir propaganda de una de las tantas sectas que buscan individuos en crisis para adoctrinarlos; Colette (Michele Moretti) dueña de una librería esotérica, entra en pánico ante la remotísima posibilidad de un desastre, y Mathilde (Deneuve) cumple su “buena obra cotidiana” leyéndole a un vecino invidente las peores noticias del día y las informaciones más alarmantes del mundo.

“En un patio de París” es un drama con algunos aderezos de humor negro; es una expedición a las soledades que se esconden detrás de cada zaguán, a los sueños que se desvanecieron, a los conflictos que aparecen cuando se comparte el mismo espacio. La trama se confecciona con retazos de las vidas de los vecinos, y también con las patologías de los colados, como Lev y su perro guardián.

Antoine se exilia de una existencia que lo angustia. Abandona el canto y se convierte en el conserje de este viejo edificio parisino, que se asemeja a las viejas casas de vecindad que en alguna época abundaban en la ciudad de México: en torno al patio se alinean los departamentos, los encuentros, los conflictos, las vidas.

El nuevo empleado comienza de inmediato a lidiar con las obsesiones, los chantajes sentimentales y las rencillas de los vecinos; Antoine trata de ayudar, pero sus intentos solamente contribuyen a empeorar los conflictos, especialmente en el caso de Mathilde, quien despliega unos esfuerzos desmesurados para ahogarse en sus propios vasos de agua, ante la desesperación de su marido Sergue (Féodor Atkine).

“Las familias son extrañas (…) A veces lo único que me queda es un poco de tristeza, de amargura. Todo el mundo piensa que todos traicionaron a todos”, reflexiona Mathilde cuando recorre los rumbos de su niñez, donde no encuentra lo que su memoria guardaba, inconsciente del paso del tiempo.

Pese a todo, “En un patio de París” no es una película pesimista; es una invitación a valorar la lucidez, única manera de actuar en una época que fomenta las patologías.

– La obsesión destructiva

“Riviera Francesa” se basa en un caso real, acaecido durante los años setenta: en torno a las maniobras de la mafia para apoderarse de un gran casino marsellés, la película se adentra en la obsesión pasional que anula hasta el instinto de conservación.

Agnés Le Roux (Adéle Haenel) joven, inteligente, rica y bella, acaba de fracasar en su matrimonio; regresa a la villa familiar donde la espera su madre, madame Le Roux (Catherine Deneuve), principal accionista del Palais de la Mediterranée. La atareada empresaria comete un grave error cuando le encarga el recibimiento a su asesor legal, el joven arribista Maurice Agnelet (Guillaume Canet),un seductor experto, consciente de que sus encantos son un arma para alcanzar sus ambiciones. La película explora los conflictos entre la madre y la hija, una realidad universal, que en el caso de las Le Roux tiene en Maurice Agnelet un catalizador destructivo: la madre se empeña en proteger a la joven; ésta rechaza cualquier injerencia, resuelta a seguir al hombre que para ella es como una adicción incurable.

El interés de la película radica, principalmente, en descubrir hasta dónde será capaz de llegar, incluso de caer Agnés con tal de mantener a su lado a Maurice. Así sea parcialmente. Desde el principio, la joven heredera acepta que él tenga todas las amantes que quiera, que él nunca le corresponda, que abiertamente vaya en pos de la fortuna familiar.

Agnés no piensa en las consecuencias de sus actos para su madre ni para los modestos empleados que dependen del casino; no le importa que su amante trabaje al servicio de un capo mafioso, ni que Maurice la exponga al peligro. Todo lo que le importa es sentir cerca de sí a Maurice.

“No le había importado que se llevara todo el dinero del robo, dejándole pagar la condena; no le había importado que no le hubiera llamado ni escrito durante los seis años de cárcel; y de haber vivido, no le hubieran importado los tres balazos que le disparó. ¡De veras le quería! Qué mundo éste…” decía el veterano detective Philip Marlowe ante un caso semejante.

– Suspenso a la francesa

La escuela policial gala siempre sorprende al público; sus guiones le mantienen en suspenso de principio a fin, y nunca se sabe qué es lo que va a ocurrir ni cómo se van a resolver los conflictos. La acción se basa en las tensiones de la trama, la violencia aparece únicamente en los momentos que así lo exigen. Director, técnicos y e intérpretes trabajan con rigurosa precisión. Así lo demuestra “El último diamante” (Francia-Bélgica-Luxemburgo, 2014), de Eric Barbier.

Yvan Attal y Bérénice Bejo, como ya lo apuntamos, son los protagonistas de esta aventura por el mundo de los robos a la alta escuela, en que cada detalle puede alterar el destino de todos los personajes.

Yvan Attal es Simón, un ladrón en libertad bajo palabra, que vuelve a las andadas con pequeños golpes, hasta que un ex militar le propone llevar a cabo el robo del siglo: el diamante “Florentín”, que tras haber permanecido extraviado durante años y años, se descubre por azar; sus propietarios se disponen a venderlo a cambio de una fortuna, en una subasta histórica.  Para cumplir con un sueño familiar, la aristócrata Julia (Bérénice Bejo) está decidida a lograr la gran venta. Es cuando aparece Simón, con un plan complejísimo, una pandilla de expertos y una personalidad seductora.

Tales son los tres estrenos franceses de octubre; no hay que contar nunca los finales, solamente hay que recomendar estas películas a quien desee disfrutar de un cine riguroso, en que el propio público pueda verse reflejado.