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Trump ceba la bomba

  • Paul Krugman

Donald Trump ha dicho muchas cosas extrañas en entrevistas recientes. Uno solo puede imaginar, por ejemplo, lo que los dirigentes militares de Estados Unidos pensaron sobre sus cavilaciones dispersas, llenas de palabrerías, sobre cómo mejorar a nuestros portaviones.

Por acá, en Econolandia, no obstante, los rumores se trataron de lo que expresó Trump en una entrevista con la revista “The Economist”, sobre buscar las reducciones fiscales aun si se incrementan los déficits porque “tenemos que cebar la bomba; una expresión que dijo haber inventado.

Estamos hablando de una economía muy mala aquí. Hay ocasiones en las que el gasto deficitario temporal puede ayudar a la economía. En los primeros años después de la crisis financiera del 2008, por ejemplo, el desempleo era muy alto y la Reserva Federal –normalmente nuestra primera línea de defensa en contra de las recesiones- tenía capacidad limitada para actuar porque las tasas de interés, a las que controla, ya estaban muy cercanas a cero. Ese fue un momento para cebar en serio a la bomba; desafortunadamente, nunca se hizo lo suficiente, gracias a la oposición republicana de tierras quemadas.

Ahora, no obstante, el desempleo se encuentra en niveles bajos casi históricos; las tasas de ceses muestran la confianza de los trabajadores en su capacidad para encontrar empleos nuevos, retornaron a los niveles previos a la crisis: por fin están aumentando las tarifas salariales y la Reserva Federal ha empezado a subir las tasas de
interés.

Es posible que Estados Unidos todavía no retorna al empleo pleno –hay un debate animado entre los economista sobre este tema-. Sin embargo, el motor económico ya no necesita del empujón fiscal. Este es exactamente el momento equivocado para estar hablando de la conveniencia de unos déficits presupuestarios más grandes.

Cierto, tendría sentido pedir prestado para financiar la inversión pública. Necesitamos desesperadamente expandir y reparar nuestros caminos, sistemas de agua y más. Entre tanto, el gobierno federal puede pedir prestado increíblemente barato: los bonos a largo plazo, protegidos de la inflación, están pagando solo cerca de 0.5 por ciento de interés. Así es que sería defendible el gasto deficitario en infraestructura.

Sin embargo, no es de eso de lo que está hablando Trump. Está llamando a explosionar el déficit para poder recortar los impuestos a los acaudalados. Y eso no tienen ningún sentido económico.

Por otro lado, es posible que no entienda sus propias propuestas; es posible que esté viviendo en un mundo de fantasía económica y política. De ser así, no es el único. Lo que me trae a mi tercer punto: se puede decir que los delirios fiscales de Trump no son peores que los de muchos de los observadores quizá más profesionales de la escena política en Washington.

Si se es un gran consumidor de noticias, solo hay que pensar en cómo muchos de los artículos que se han visto en las últimas semanas con titulares, más o menos, como: “El presupuesto de Trump podría crear un conflicto con los conservadores fiscales en el Partido Republicano”. La premisa de todos ellos es que existe una poderosa facción entre los republicanos en el Congreso a quienes les preocupan, profundamente, los déficits presupuestarios y se opondrán a propuestas que generen mucha tinta roja.

Sin embargo, no existe tal facción y nunca existió.

Así es que estoy preocupado. Es posible que Trump no solo sea ignorante, sino que esté perdido, y sus propuestas económicas son terribles e irresponsables, pero podrían implementarse, de cualquier forma.