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Trump: Cuando el fin justifica los medios

  • Salvador del Río

SALVADOR DEL RÍO
De las conversaciones entre presidentes o jefes de Estado, formales o no, de su contenido y hasta de su tono, poco trasciende. De esos encuentros surgen acaso comunicados conjuntos, protocolarios, o conferencias de prensa en los que se ofrecen a la opinión pública versiones conforme a las formas de la diplomacia.

Ha habido excepciones. En octubre de 1974, en una reunión en Magdalena de Quino, Sonora, públicamente el presidente Luis Echeverría, con datos precisos, dijo a su homólogo Gerald Ford, ante versiones interesadas, que México no entregaría a Estados Unidos sus reservas petroleras, y que su producción se llevaría al mercado conforme a los precios internacionales, sin preferencias de ninguna índole.

Ahora, las reglas de la relación entre dos Estados no fueron violadas por el Gobierno de México después de las conversaciones telefónicas sostenidas entre ambos presidentes. Fue de la Casa Blanca, y no de la residencia de Los Pinos, de donde provinieron las filtraciones sobre una supuesta presión por parte de la administración norteamericana para llegar, incluso, al envío de tropas ante la pasividad o la ineficiencia de México para enfrentar la actividad del narcotráfico y el terrorismo internacional.

A esa velada amenaza de Donald Trump han seguido declaraciones a través de los medios electrónicos del propio presidente norteamericano en las que, a la vez que se dice amigo personal del presidente y del pueblo de México, afirma que en sus conversaciones con Peña Nieto habría encontrado disposición de aceptar la ayuda en el combate a la delincuencia, la cual ha existido de común acuerdo desde hace varios años.

Se pregunta en varios sectores de la opinión pública de México el porqué de la reserva del Gobierno de Enrique Peña Nieto para dar a conocer una versión, así sea resumida, de la conversación que por espacio de una hora sostuvo con el presidente Donald Trump. La respuesta del Gobierno de México fue, a la vez que firme y enérgica, respetuosa de las formas de la diplomacia y de la relación entre dos Gobiernos, formas que Donald Trump ha pasado por alto, no solo frente a México sino en su relación con Gobiernos de otros países.

El presidente de México no necesitaba hacer pública la transcripción de su conversación con Donald Trump para responder a la indiscreción que constituyó la filtración de los detalles, ciertos o no, del intercambio de puntos de vista entre ambos.

En el retrato que el empresario mexicano Carlos Slim nos presentaba de Donald Trump aconseja entender las singularidades de un político que acude a estrategias empresariales para lograr sus objetivos: doblar al competidor para obtener ventajas. El fin, en este caso, justificaría los medios. El problema se presenta cuando, según se constata en el mundo entero, lo que no se justifica es el fin. Así, los medios empleados son tan deleznables como el fin mismo. En las primeras dos semanas de su Gobierno, Donald  Trump ha acumulado más de 40 denuncias ciudadanas y de grupos de interés en su contra. Ha entrado en conflicto con el poder judicial, con diversas organizaciones civiles y hasta con medios de comunicación que reprueban su política de xenofobia y rechazo a todo lo que proceda del exterior.

México ha sido el primer objetivo visible de su política nacionalista, pero también en el mundo entero se muestra la gran preocupación por los efectos que en el corto plazo tendrá el afán nacionalista y populista de la desde ahora controvertida presidencia de Estados Unidos.
srio28@prodigy.net.mx