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Trump, cuando ser presidente se vuelve capricho

  • Yolanda de la Torre Valdés

Yolanda de la Torre V.

Desde que comenzó a lograr cierta notoriedad como empresario inmobiliario en Nueva York, Donald Trump ha querido tener más apariciones en los medios de comunicación, especialmente la televisión, enamorado de ver su imagen en pantallas a lo largo y ancho de Estados Unidos y ahora, alrededor del mundo.

Apenas en la década pasada, Trump participó en un Reality Show televisivo llamado “The Apprentice” (El Aprendiz), donde la intención era formar ejecutivos y con suerte futuros empresarios. Se trató de una emisión de mediano éxito que se trasmitió por cadenas de cable en Estados Unidos y que fue posible ver en México. En ese entonces se llegó a señalar que Trump podría tener algún futuro de frente al público, incluso se llegó a señalar que le haría falta, al haberse dado ya varios fracasos en sus megalómanos proyectos inmobiliarios (algunos de ellos hoteles en México), mismos que han de llevar siempre su nombre en letras doradas.

Otro aspecto por el que ha cobrado fama Donald Trump es por la superficialidad con que vive y por supuesto con la que decide con quién casarse, que generalmente suelen ser rubias despampanantes, preferentemente llegadas de la Europa Oriental, como pasara con Ivana Zelnikova, nacida en la República Checa, a quien desposó en 1977, divorciándose en 1992.

Su actual esposa es una exmodelo de 45 años procedente de Eslovenia, antigua república integrante de Yugoslavia, quien estuvo a cargo del tan lamentable discurso de apertura de la Convención Republicana en Cleveland, Ohio, en el que quien le escribió las líneas no tuvo empacho alguno en copiar de forma casi exacta un discurso en similares condiciones de la actual primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, en la Convención Demócrata de 2008, donde su esposo Barack Obama, fue investido como candidato presidencial del citado partido. El desparpajo de Donald Trump al respecto, le llevó a no aceptar la renuncia de quien hizo el discurso, algo que en los hechos le ha llevado a tener múltiples contradicciones.

Por una parte insiste día con día en sus ataques a los inmigrantes, pero se ha casado con dos procedentes de Europa Oriental, por lo que la convención en que fue hecho candidato presidencial, fue iniciada con el discurso de una inmigrante, su esposa, quien no disimulaba en lo más mínimo su acento. Por otra parte, Trump ha hostigado al actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, desde que fue candidato por primera vez en 2008, cuestionando su verdadero lugar de nacimiento, indicando que es de Nairobi, Kenia, en África; ataca incluso sus políticas más exitosas, como el “Obamacare”, en materia de salud; pero no vacila en plagiar partes de un discurso de su esposa, para ser aprovechadas por la suya. Si tanto lo ataca ¿por qué muestra que lo admira?

Pero más allá de contradicciones, absurdos llamados a fortalecer la xenofobia y volver a tener políticas económicas aislacionistas, que provocan gran preocupación en medios ilustrados de Estados Unidos y aquellos votantes más conscientes de lo que requiere su país y el mundo, quienes han hecho crecer tan singular candidatura al grado de haberse quedado sin contrincantes mucho antes de la Convención Republicana, son aquellos estadunidenses blancos, pero sin acceso a educación universitaria y empleos de calidad, los conocidos como “red necks”, básicamente olvidados por la actual administración, así como en los procesos de integración global.

El citado grupo poblacional logró que Donald Trump fuera candidato presidencial republicano, aun cuando amplios sectores de ese partido lo rechazan y ahora, ya postulado, se encuentra en empate técnico con la demócrata Hillary Clinton, cuando hace apenas una semana iba diez puntos abajo. El primer martes de noviembre próximo se acerca y ya veremos a lo que se llega, por lo pronto hay que estar preparados.
*Senadora de la República.

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