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Trump “habemus”

  • Jaime Alcántara

Jaime Alcántara Silva

Ali David Sonboli, alemán de origen iraní, pudo llamarse de mil formas; también de otros orígenes. Lo cierto es que este joven desequilibrado de 18 años, se sumó a la lista del terror que agredió a más gente inocente que nada tenía que ver con sus posibles traumas.

Múnich fue la noticia. En un restaurante de comida rápida, este enviado del averno segó la vida de nueve personas e hirió a 35. Para no dejar duda de lo absurdo del atentado, las víctimas fueron de siete nacionalidades diferentes.

Sin saberse de bien a bien las causas que lo llevaron a estos extremos, sus simples antecedentes arrastran a pensar, irracionalmente, en más atentados terroristas, aunque ningún grupo de esa especie haya reivindicado el ataque.

Solo unas semanas atrás, el 13 de julio, día nacional en que se recuerda La Toma de la Bastilla, para dar inicio a lo comúnmente conocido como la Revolución Francesa, otro paranoico, alienado, fundamentalista, en Niza, habría de causar duelo en 84 hogares y dolor en otros 100, por las heridas sufridas.

Por supuesto que nada ocurre al azar, siempre hay motivaciones.

La religión, el nacionalismo extremo, las causas políticas, son algunos de estos fatales ingredientes para azuzar a gente que, quizá, nada tuvieran que ver con acontecimientos lejanos. Pero siempre hay interesados en la violencia.

Tampoco se puede pensar en que las agresiones deben dejarse “ad infinitum”. No. Habrá hechos que justifiquen la reacción de un pueblo, de una multitud. Y, ese es el asunto.

Alguna vez, quien esto escribe, se encontró con un escenario de rechazo a todo lo que oliera al término nacionalismo, en un foro que nada tenía que ver con el tema. Fue en Alemania.

Al dar respuesta, se hizo el comparativo. El argumento fue, creo, justificado. El nacionalismo mexicano es totalmente diferente al del país germano. Allá fue el crecimiento del nazismo, que ya sabemos lo que generó. En México, son totalmente diferentes las causas de su aparición.

A lo largo de los siglos, no solo fue la brutal conquista española. También las invasiones: norteamericanas, francesa, inglesa/española (aunque la habilidad del Gobierno juarista haya desecho la triple alianza de 1861) y con ello, la mutilación de la mitad del territorio nacional y la carga que significó el imperio de Maximiliano.

Pero esto que comento, seguramente no lo sabrá Donald Trump, porque gente obsesiva como él, no sabe de historia, ni de sociología, ni de derecho, ni de nada que tenga que ver con la convivencia (hasta donde se pueda) racional, que debe campear en sociedades presumiblemente democráticas. A este tipo de mesiánicos, solo les interesa el poder, la posibilidad de disponer de un ejército (real y virtual) para tener decisión, por encima de otros millones de seres humanos que también respiran. Nada constructivo, solo la idea del dominio.

Por supuesto que intimida tal posibilidad.

No solo es un problema potencial para sus conciudadanos, también lo es para el mundo. La simple referencia de admiración hacia Putin, del posible uso de información clasificada, que tienen las agencias de inteligencia (espionaje), con fines electorales, debe tener más que alarmados a los estadunidenses bien informados y/o bien intencionados.

Para México y Latinoamérica, la simple idea del racismo espanta. En lo nacional, las referencias al muro y al TLC, son más que suficientes para tener todas las reservas.

El muro y el Tratado significan bienestar, empleo, seguridad, tranquilidad social.

¡Dios nos agarre confesados!
jaimealcantara2005@hotmail.com