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Trump, la amenaza

  • Raúl Aarón Pozos

  • Raúl Aarón Pozos Lanz

Donald Trump, el candidato del Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos, puede ser hoy el personaje extranjero más repudiado por los mexicanos. De los que viven allá y de los que vivimos en nuestro territorio.

Las razones de ese repudio son entendibles. Una buena parte de su campaña la ha montado en un discurso de odio y discriminación. Nos ha llamado criminales, violadores y asesinos. Nos ha amenazado una y otra vez con deportar a miles de compatriotas que viven allá, sí, ilegalmente, pero aportando su fuerza de trabajo que ayuda todos los días a hacer grande a esa nación; nos ha amenazado con la construcción de un muro en nuestra frontera, que nos divida, que nos impida cruzar, y que, además, seremos nosotros los que pagaremos por su muro con el embargo de las remesas de nuestros compatriotas.

Solo por mencionar algunos datos importantes, recientes, de la firma de investigación Oxford Economics: “El tamaño de la economía de Estados Unidos se reducirá en un billón de dólares frente a lo esperado para el 2021 si el candidato republicano Donald Trump gana las elecciones presidenciales en noviembre”.

También advierte: “Si el señor Trump demuestra tener éxito en la adopción de sus políticas, las consecuencias podrían ser de largo alcance, reduciendo en 5 por ciento el PIB estadunidense relativo al escenario base y socavando la anticipada recuperación en el crecimiento global”.

Lo advierte ahora Oxford Economics, que es una firma reconocida con sede en Oxford, Inglaterra, pero con oficinas en todo el mundo, pero antes lo han advertido otros: Trump en la Presidencia de Estados Unidos es una amenaza global. El propio presidente Barack Obama ha subrayado que no es apto para dirigir a su país. No tiene la experiencia, ha dicho Obama; no es lo mismo dirigir una empresa que un conjunto de empresas que conforman a Estados Unidos.

Tenemos claro que por respeto, porque cada país se ha dado sus propias leyes y normas, no podemos inmiscuirnos en el proceso electoral del país vecino. Sabemos que la Presidencia la ocupará alguno de los dos candidatos más fuertes, es decir, Clinton o Trump, pero eso significa que ahora o más adelante -ocupe o no el segundo la Presidencia de su país-, le podamos reclamar sus ofensas a los mexicanos.

Hace 206 años, en 1810, en México iniciamos nuestro proceso de Independencia, consumada en 1821. Desde entonces hemos librado batalla tras batalla para consolidarnos como Nación libre, con nuestra propia identidad, con leyes y normas que nos permitan la convivencia, el desarrollo pleno. No ha sido fácil.

A pesar de nuestras dificultades internas, que hemos resuelto igual con esfuerzo, dedicación y tenacidad, hacia afuera hemos mostrado generosidad, la que nos ha permitido históricamente recibir a quienes han tenido la necesidad de abandonar su tierra, su hogar, para mantener su integridad física e ideológica; hemos mostrado voluntad y cooperación con las naciones del mundo. Lo que no podemos permitir son insultos ni desplantes como los de Trump.

Estaríamos traicionando el legado de nuestros padres independentistas, si por lo menos, no levantamos ahora la voz de protesta contra asechanzas como las que se asoman en la actitud del candidato republicano.

Insultarnos, amenazarnos con deportar a nuestros compatriotas y con levantar un muro, con el embargo o confiscación de las remesas que los mexicanos envían y ganan allá con su trabajo, es decir, someternos por la fuerza como pretende, no es sino “amenaza a una relación que ha sido y debe ser siempre de pares”.
* Senador