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Última llamada para la Tierra / De Cara al Sol / Andrea Cataño Michelena

  • Andrea Cataño

(Primera parte)

Del 30 de noviembre al 11 de diciembre se celebra en París la COP21 (Convención Marco de la Naciones Unidas para el Cambio Climático), que representa la última oportunidad para salvar a la Tierra de una la catástrofe derivada del cambio climático con consecuencias irreversibles.

La temperatura media global en 2015 será la más cálida de la que se tenga constancia y alcanzará el importante umbral simbólico de un grado Celsius por encima de los niveles preindustriales (es decir, antes de la Revolución Industrial), lo que obedece a la combinación de un intenso episodio de El Niño con el calentamiento de la Tierra provocado por la actividad humana, según lo afirma la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Los años 2011 a 2015 han sido el quinquenio más cálido del que se tiene datos, con numerosos episodios meteorológicos extremos “especialmente olas de calor” por influencia del cambio climático.

En la COP21, los gobiernos del mundo enfrentan el reto de alcanzar un acuerdo que, hacia 2100, limite el aumento de temperatura del planeta a dos grados centígrados por encima del nivel preindustrial.

La mayoría de los países contribuirán en materia de mitigación y adaptación formalizando su compromiso voluntario en el marco de la convención y estableciendo mecanismos de revisión periódicos. Además, se espera acordar transferencias en materia de tecnología y de recursos financieros que alcancen anualmente hasta los 100 mil millones de dólares.

Una de las principales innovaciones de este modelo es que los países han presentado un documento con sus respectivas Contribuciones Previstas Determinadas a Nivel Nacional (INDC, por sus siglas en inglés). Al 1 de octubre, 147 ya lo habían hecho, sin embargo, estos compromisos, que en promedio significan 6.7 toneladas en 2030 (9 por ciento) de emisiones mundiales, comparadas con el 7.3 de 1990, no evitarán el aumento de 2.7o C adicionales para fines de siglo. México fue uno de los primeros en comprometerse a reducir en un 25 por ciento sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

El World Resources Institute presentó recientemente una infografía de los países que emiten más emisiones de CO2 a la atmósfera: China, 25.36 por ciento; Estados Unidos, 14.4 por ciento; Unión Europea, 10.16 por ciento, India, 6.96 por ciento; Rusia, 5.36 por ciento; Japón, 3.11 por ciento; Brasil, 2.4 por ciento; Indonesia, 1.76 por ciento; México, 1.67 por ciento e Irán, 1.65 por ciento.

Pero mientras los compromisos para reducir la emisión de gases de efecto invernadero no sean obligatorios, países como China y Estados Unidos (con su congreso de mayoría republicana cuyo lema pareciera dinos de lo que se trata, Obama, porque nos oponemos), difícilmente se adherirán voluntariamente a los porcentajes requeridos. La producción barata en China ocupa las mayores cantidades de carbón en el mundo, lo que es realmente criminal para el medio ambiente. ¿Quién puede albergar la esperanza de que en un mundo regido por los intereses monetarios y la inmediatez, los países industrializados hagan los sacrificios necesarios para que las futuras generaciones sobrevivan? No hacerlo ahora sería cometer un ecocidio y un genocidio al mismo tiempo. Esto sí es para robarnos el sueño, porque es cancelarles el futuro a los niños de hoy, y no es que sea alarmista ni pesimista, por el contrario, me considero una “optimista informada”.

¿Qué nos espera con el cambio climático y qué puede hacer cada quien en lo individual? Lo trataré la próxima semana.
andreacatano@gmail.com