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¿Un cardenal menos?.. No, por ahora

  • María Antonieta Collins

El revuelo en las redacciones de noticias en Estados Unidos fue tal el sábado 3 de junio pasado, que temprano la llamada para una asignación al Noticiero Univision me hizo movilizar mis fuentes. ¡Renunció el cardenal Rivera Carrera! Me decían. Eso fue por la demanda del exsacerdote Ahtié. Poco después la aclaración y demás, que enfiló entonces las baterías a la situación política de las cruciales elecciones pasadas en México el fin de semana.

La realidad es que el trasfondo -manejado sabe Dios por quien- no tuvo en cuenta datos logísticos que derribarían cualquier especulación. El cardenal Norberto Rivera cumpliría 75 años el seis de junio y esa era la razón de la prisa para algunos. ¿Cumpliría con lo prescrito por el famoso canon 401 que conmina a la renuncia de cualquier obispo católico por razones de edad? ¿Cómo lo haría?

La realidad fue más sencilla que cualquier imaginación
novelera.

Mis fuentes no se equivocaron.

El seis de junio pasado, Norberto Rivera Carrera llegó a su cumpleaños número setenta y cinco en forma sencilla.

Muy temprano, a las seis de la mañana, como todos los días se levantó. Ofició misa con sus más cercanos en la vida diaria, entre ellas las monjitas que le atienden y sus tres hermanos, dos de ellas mujeres, una, religiosa.

Después, el cardenal nativo de Tepehuanes, Durango, fue a la reunión que sabía tendría que hacer siguiendo los cánones: ir a la nunciatura de Franco Coppola. Más claro, el representante del Papa en México, sería quien recibiría de él la obispal renuncia. Contrario a lo que se pensara, la reunión entre los dos hombres con el mismo jefe, el papa Francisco, fue cordial y no un mero trámite que demoraría a lo sumo cinco minutos -como pudo haber sido un encuentro con el Nuncio pasado- Entre ellos media una relación cordial y tranquila, dicho sea, por varios.

Queda claro entonces que, en la siguiente valija diplomática, la del día siete de junio, la carta renuncia del cardenal mexicano viajó al Vaticano para ser procesada de acuerdo a trámite.

¿Pudo haber brincado el tramite? Preguntan algunos y la respuesta es sencilla.

Si. Especialmente porque tres días antes del famoso cumpleaños, el cardenal Rivera estaba en Roma viendo asuntos de las comisiones en las que participa: la del consejo de Economía, la de Disciplina de los sacramentos y la Clero y vida religiosa.

Se dé buenas fuentes, -y lo digo en plural- que estuvo con el Papa en dos ocasiones sin que se tocara el tema. Allegados a la Arquidiócesis aseguran que el díatranscurrió ahí tranquilo, en comparación a cuando el entonces cardenal Ernesto Corripio Ahumada cumpliera los mismos 75 años y presentara su renuncia, y que todos entendían que era una despedida.

Ahora viene el tiempo en que “la caballada religiosa” como diría políticamente aquel célebre gobernador guerrerense Rubén Figueroa, en la década de los setenta, aduciendo a la sucesión presidencial priista y sus candidatos, esa “caballada religiosa” se pondrá para lo suyo, esto es, alinearse con el que piensen que será el sucesor del cardenal.

Lo cierto es que las cosas no son tajantes.

Más claro. Si a Don Juan Sandoval, el famoso cardenal jalisciense le reemplazaron luego de cuatro años, en este caso, los tiempos también podrían comenzar a correr, aunque en forma indefinida.

Y, ¿qué pasaría en el caso de un eventual cónclave? Pues absolutamente nada.

Cardenal elector seguirá siendo hasta los ochenta años de edad cuando el Colegio Cardenalicio lo pase a retiro en cuanto a su boleta electoral, mientras tanto, cuantas veces sea necesario saldrá a decir, “voto por tal o cual”, lo mismo en su participación en las comisiones pontificias en las que figura.

Por lo pronto, y parafraseando a la política, la recomendación para los celestiales aspirantes al cardenalato sigue siendo una: nada de que: en sus marchas, listos… fuera. Porque el que se mueve… no sale en la foto.