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Un Cuarto Propio

  • Lucía Raphael

  • Lucía Raphael
  • La nota roja, una columna costumbrista en México, o “500 años de podredumbre tienen un precio muy alto y ningún límite”

 

En estos días, se me cruza la metralla de noticias, todas relacionadas con la desaparición, tortura, violación, desmembramiento y aparición de cuerpos, la mayoría de mujeres, pero también de hombres, a lo largo del territorio. Me detengo a revisar las noticias de los casos que he expuesto con dolor en estas páginas. La cosa no para: cada día mueren 6 mujeres en México por asesinato. Reporta la página femenicidiosmap.crowdmap.com más de mil mujeres en lo que va del año. Ahora, leo el artículo de Paula de Monaco en: https://paulamonacofelipe.com/2016/10/12/familiares-de-jovenes-asesinados-en-veracruz-claman-justicia/ sobre los cadáveres desmembrados y las cabezas expuestas en Veracruz, el reconocimiento de los tres jóvenes estudiantes: “Los cadáveres de los estudiantes Génesis Deyanira Urrutia Ramírez, Octavio García Baruch y Leobardo Arano, quienes habían sido reportados como desaparecidos cerca del puerto de Veracruz, en la zona de Boca del Río, después de salir juntos de la casa de la joven para pasar un rato en la plaza de su ciudad”.

No puedo no hablar de ellos, no puedo no mencionar los nombres, los números, la violencia descarnada, la generalización de estas prácticas en todo el territorio. No hay Estado de la República que no reporte un caso, dos, diez… por día, por semana. Como hacer para que una columna de opinión, no termine por parecer más la nota roja, en este país en donde “mexicanizarse” hoy significa, que el territorio haya perdido toda posibilidad de garantías, en donde no hay forma de levantarse y salir a la calle sin llevar las tripas apretadas, y el corazón en la garganta, porque sabes que puede pasar cualquier cosa. Cómo pueden los medios oficialistas, el discurso de los gobernantes y la percepción de la oligarquía seguir viviendo la realidad como esa puesta en escena, en donde se habla solo de que “lo bueno no se cuenta, pero cuenta mucho”, sin entender como nos viene llegando el agua a los aparejos, que el famoso tejido social se descompone sin limites, que no se puede hablar de desarrollo en un país en donde la muerte gobierna, en el que gobernadores son lo mismo que los cárteles, y en el que se tardan tanto en reaccionar para destituir a uno, que aun sin fuero y con cárcel, si esto se lograra, ya pudrió casi sin retorno el contexto que lo rodeaba. Duarte hoy es el chivo expiatorio del sistema, pero quienes lo dejaron llegar hasta aquí, tardaron tanto porque también tienen cola que les pisen. No les importa gobernar un país invivible, venderlo en pedazos desmembrados, aunque lo hayan hecho inhabitable. Yo no dejo de pensar en lo que Albert Memmi, filósofo argelino explica sobre la relación entre colonizadores y colonizados en la Argelia de los años 50s: “…Hemos subrayado que la colonización, mataba materialmente al colonizado. Hay que agregar que lo mata espiritualmente. La colonización enturbia las relaciones humanas, destruye o fosiliza las instituciones y corrompe a los hombres…”. No hemos querido cambiar un ápice las relaciones de poder; ahora entre la oligarquía y el resto de los ciudadanos, 500 años de podredumbre tienen un precio muy alto y ningún límite.
Escritora e Investigadora IIJ UNAM

learapha@gmail.com

@LUCIARAPHAEL11