imagotipo

Un Cuarto Propio

  • Lucía Raphael

  • Lucía Raphael
  • Trump: No inicia una era del totalitarismo, solo se quitó la máscara

Este martes 8 de noviembre, se registró como uno de los días más fatídicos de la historia contemporánea. Los electores norteamericanos llevaron a la cabeza del país más poderoso del mundo, a un hombre que durante su campaña fue expuesto en más de un delito del orden sexual, los cuales una vez entronizado serán olvidados, como suelen pasar los abusos de los más prepotentes miembros del paradigma masculino, orgullo de la supremacía blanca en esta cultura occidental, que cada día tiene menos de cultura y más de barbarie. El problema es complejo, están aquellos humanistas sociales que se abstuvieron, porque saben todo lo que Hillary Clinton y su grupo representa de futuro bélico y negocios de muerte. La apuesta era una social y humana (Sanders) y no fue. Y están los otros electores, esos que se sumaron para ir a las casillas, los privilegiados blancos, sin educación, que suelen formar parte del Kukuxklán, a quienes ni el presidente electo, ni el Senado, ni la Casa de Representantes detendrán ahora, porque son la misma cosa…

Las votaciones de este martes demostraron que el electorado estadunidense ya no quiere al establishment neoliberal capitalista que representa el grupo Clinton. Desgraciadamente quienes supieron organizarse fueron aquellos que están hartos de ver “cuestionado su poder”, su “derecho” a cometer crímenes raciales, a discriminar y tratar a cualquier alteridad como cosas, esos que necesitan construir al enemigo en “el otro”, crear guetos y prohibirnos trabajar, usar sus camiones, o aspirar a una república construida por y para la igualdad. La desazón es infinita. No inicia una era del totalitarismo, solo se quitó la máscara. Solo se erigió como bandera lo que venía pasando entre bambalinas: que ya ni siquiera hay que cuidar los actos bajo un principio de lo “políticamente correcto”, ahora los hombres de poder pueden “agarrar a las mujeres por el coño” y estas tendrán que dejarse “por ser ellos quienes son”. Ahora los magistrados como Juan Manuel Sánchez Macías puede hablar de “nalguitas exquisitas” y “acostones”, en una reunión contra la violencia de género, sin que lo destituyan. Queremos que no solo renuncie a la presidencia de la Sala, sabemos que cada instancia incluyendo el TEPJF tiene una unidad de género, pero no están facultadas para nada, que no sea “deslindarse” a pesar de que hay convenciones internacionales y leyes nacionales que, de aplicarse, implicarían imponer su expulsión del Poder Judicial.

Pero no importa, porque la regresión de nuestra cultura es brutal y en todos los niveles, porque quienes gobiernan han olvidado que el Estado de Derecho debe estar sustentado en la igualdad y la dignidad humanas, y que personas como Trump o Sánchez Macías hacen de la igualdad una burla. Porque cuando el nivel de totalitarismo y de desprecio por las alteridades deviene principio de campaña (o de comportamiento), el camino al holocausto se sitúa a la vuelta de la esquina.

No puedo dejar de pensar en Virginia Woolf y sus “Tres Guineas”; en plena II Guerra Mundial -Inglaterra a punto de ser invadida por Hitler-la escritora explica a un lord inglés, algo que resuena hoy más que nunca: “(Hoy) Ustedes viven en carne propia aquello que sus madres, sentían cuando eran excluidas y encerradas por ser mujeres. Hoy es a ustedes a quienes excluyen, a ustedes a quienes encierran, en tanto judíos, demócratas, por su raza, por su religión. No es ya una simple fotografía la que contemplan, ahora siguen la misma procesión. Y esto hace una diferencia. Toda la iniquidad de la dictadura, ya tenga lugar en Oxford o en Cambridge, este dirigida a judíos como a mujeres, en Inglaterra, Alemania, (Estados Unidos), España (México), les hace frente, pero hoy, todos luchamos juntos” […] Si este es el fondo que tenemos que llegar para cambiar, que sea.