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Un Cuarto Propio

  • Lucía Raphael

  • El poder re-apropiativo del sistema patriarcal
  • Lucía Raphael

 

Las calles de 59 países del globo fueron el escenario del Paro Internacional de Mujeres, convocado desde el cono sur. En México las actividades en respuesta se coordinaron en Reforma, particularmente “La Victoria alada” (El Ángel). Entre las actividades coordinadas de manera separada por diversos colectivos que, por simples fines logísticos sumamos nuestras propuestas, se contaron unas 10 mil personas. Sí, en términos generales podemos decir que en México las feministas, aportamos nuestro granito de arena a un diálogo entre movimientos a nivel mundial que debe ser tomando en cuenta, pero sobre todo; no debe quedarse ahí.

Una de las primeras preguntas que se suscitaron en el extranjero fue: ¿por qué en México no hubo un manifiesto que unificara la convocatoria? Además de la diversidad de realidades que define al país, pudimos constatar que el carácter vertical, jerárquico, desigual; las profundas diferencias sociales y los resentimientos que nuestra cultura conlleva, hacen imposible una sola postura compartida. Desde el colectivo al que pertenezco, llegamos a la conclusión de que lo mejor era sumar con otros, sin una sola voz convocante.

En México la cultura de una sociedad participativa es desgraciadamente minoritaria, la gente es capaz de verterse en las calles y soportar multitudes cuando se trata de entretenimientos copiados del extranjero, como ocurrió en noviembre con el desfile del día de muertos, del hollywoodense “007-Esqueleton”. Pero las personas no dedican tiempo a preguntarse por sus derechos, mucho menos a defenderlos.

La respuesta a esta marcha tuvo un contenido importante de la diversas colectividades feministas y LGBTTTQI que dan esperanzas, pero fue tomada de manera deprimente por los sindicatos oficialistas, grupos de choque y tradiciones de los 60, cuyas cabezas eran hombres gritando consignas de la época, en las que se contentaban con cambiar “Gobierno”, por “machos” y “pueblo”, por “mujeres”, “El poder re-apropiativo del sistema patriarcal” que le llaman.

En el camino comprendimos las críticas de ciertos colectivos radicales, sobre nuestra suma con esos grupos, comprendimos las razones por las cuales cuando se trata de asambleas de mujeres feministas, es fundamental no dar cabida a estos cacicazgos, rancios, contrarios a nuestras preocupaciones, comprendimos la importancia de definirnos desde la interseccionalidad en las demandas, desde el principio, no subrayar temas corrupción, pobreza, racismo, clientelismo, la manipulación de la sociedad y todo eso que repudiamos y que, desgraciadamente estos grupos representan, nos tuvo manifestando tras ellos, en una marcha que debió ser sobre todo, un espacio donde las mujeres expusiéramos nuestra apuesta por otra realidad, incluyente, fluida, creativa, diversa, con memoria histórica de lo que los movimientos feministas han sido y con mirada abierta para definir hacia dónde queremos ir.

Recordé que, cuando una entra en estos temas, con la ilusión de que en México queda todo por hacer en materia de Derechos Humanos de las mujeres, te vas dando cuenta, con la confrontación brutal de la realidad, que la razón de este horizonte tan verde y casi inhóspito, tiene que ver con esta manera caciquista, desigual, envidiosa, improvisada, y sobre todo, resistente al cambio, de nuestra sociedad. Y ese es el inmenso obstáculo con el que nos enfrentamos en México, aquel juego de cangrejos de la cubeta de la fábula, en la que el pescador que los vende, no necesita taparla, porque los mismos cangrejos se jalan hacia el fondo.

Y sin embargo, fue un honor hacer lo que hicimos y lograr lo que logramos, sobre todo, porque significa aprendizaje, prueba, error y construcción de espacios.