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Un Cuarto Propio

  • Lucía Raphael

  • Hogar seguro: Guatemala
  • Lucía Raphael

¿Qué siente una madre frente a la idea de que su pequeña que fue encomendada, para ponerla a resguardo, no saldrá nunca más por esa puerta? Peor aún, cuando sabemos que la mayoría de ellas estaba ahí para “ser protegida” del horror de la violación, de la violencia familiar y cuyos tutores las llevaron porque ese lugar había sido creado precisamente para protegerlas.

Cuarenta niñas murieron en ese infierno a raíz del incendio provocado, presuntamente por algunas de ellas, resultado de una protesta por el encierro ilegal al que fueron sometidas por las autoridades. Las adolecentes sabían que era el Día Internacional de la Mujer. Encerradas 50 jóvenes en un cuarto de 4×4 pensaron que sus carceleros abrirían los candados y las dejarían salir cuando vieran el humo. No abrieron las puertas, a decir de los testigos, tardaron en reaccionar, fueron sus mism@s compañer@s quienes rompieron las ventanas de su encierro para salir a apagar el fuego con cubetas. El Estado había sido avisado desde 2010 de las irregularidades; tenían apercibimientos por violaciones a derechos humanos, sin protocolos, sin reglamentos, sin separación de delincuentes y víctimas, muchas de las denuncias que nunca fueron atendidas, correspondían al abuso, incluso sexual y físico.

Ese mismo día, miles de mujeres en 50 países marchamos en contra de la violencia hacia las mujeres,  en un día institucionalizado por Naciones Unidas como el día internacional del tema, precisamente para no olvidar que nuestros derechos no han alcanzado siquiera el nivel básico suficiente para poder hablar de democracia, de dignidad de igualdad, de desarrollo.

La historia del Día Internacional de las Mujeres está plagada de estos absurdos, lo constituye un Organismo Internacional inventado por los países más poderosos, bajo la etiqueta de trabajar por la evolución de la humanidad, constituido a partir de la aceptación de que la especie humana ha demostrado ser capaz de las peores atrocidades, y ellos serían los garantes de que fuera distinto.

Pero no quieren que las cosas cambien, así como el presidente Morales se tardó tres días en aparecer, así como los carceleros de las niñas en el refugio decidieron no reaccionar y dejarlas quemarse vivas, así como las autoridades guatemaltecas hicieron caso omiso de recomendaciones de orden jurídico y de protección de los derechos humanos, así es la voluntad y la importancia que el sistema y los estados le dan a la necesidad de que cambien las cosas para poder hablar algún día de justicia.

Me es imposible evitar asociar los incendios; este de las pequeñas secuestradas por el Estado guatemalteco, dándole un sentido  más trágico al 8 de marzo, y aquel incendio en 1917, de la fabrica de camisas Triangle Shirtwaste en Nueva York, en el que murieron 200 mujeres, encerradas por sus patrones “para evitar robos”, que forma parte de la memoria de la lucha por los derechos de las mujeres, y que solo habla de lo poco que han avanzado las cosas en la importancia que le dan los hombres del poder a la vida de las mujeres.

El humo púrpura –que a partir de aquel fatídico incendio y muerte de aquellas esclavas del capital- definió el color de la lucha por los derechos de las mujeres. ¿De qué color quieren que sea la muerte y el abandono de las niñas calcinadas en Guatemala, para que le importen al sistema?

Ese mismo día, en la marcha en México, un grupo de hombres de izquierda golpeaban y abusaban de algunas manifestantes que denunciaban en una marcha mundial esta violencia. ¿Les interesa realmente cambiar algo?