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Un cuarto propio | Lucía Raphael *

  • Lucía Raphael

Yo no festejo, yo conmemoro el Día Internacional de la Mujer: las razones son de inhumanidad. No me felicite

El martes 8 de marzo se conmemora el “Día Internacional de la Mujer”. No es una fiesta, se instituyó en nombre a las 146 mujeres que murieron encerradas por asfixia y quemadas en aquella fabrica de camisas “Triangle Shirtwaist” en Nueva York, en 1911. Y es en honor de estas mujeres que toca replantearnos desde diversos flancos la percepción de la sociedad frente a los avances y retrocesos que los derechos humanos de las mujeres han tenido. Para comenzar, desde el trabajo mismo de los estudios feministas, de género o de las mujeres, ¿Cuál es nuestro compromiso para abordar los temas relacionados con los derechos humanos?¿Por qué las resistencias y las incomprensiones del desarrollo humano cuando se trata de nuestros derechos?

Ha transcurrido poco más de una siglo desde aquella tragedia, y un común denominador en el mundo ha sido la incomprensión de la trascendencia de lo que ese drama significa a la humanidad toda. Una gran mayoría no comprende que no se puede festejar que 105 años después, sigan existiendo en muchos países, incluyendo el nuestro las mismas condiciones de vida, de trabajo, de desigualdad, de desprecio por la dignidad de las mujeres que permitió, en aquel entonces, a los dueños de una fabrica jugar con la vida de seres humanos como si fueran parte del mobiliario. Necesitamos replantearnos cual es nuestro compromiso con esas realidades vivas, y mortíferas, entender cuál es nuestra obligación para comenzar por aquellas personas dedicadas a estudiar los temas humanos, es vital identificar y exponer las características nefastas de nuestra cultura, que han llevado a los organismos internacionales a, en contraposición, dar origen del desarrollo de herramientas jurídicas de la talla de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, o la “Convención sobre la Eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres”. Entender porqué hablar de perspectiva de género no significa hablar de “cosas de mujeres” o de “sentido común”, particularmente desde el ámbito universitario en donde contamos ya con 40 años de reflexión académica interdisciplinaria seria. Ignorar que existe una epistemología feminista y de género, que viene gestándose con seriedad, no desde ese supuesto “odio radical” que los detractores de los temas sociales y humanos suelen adjudicarle a los estudios de las mujeres y de género, sino desde un compromiso serio que exige una epistemología clara, que si bien exige de reconocer la importancia de la subjetividad de investigadoras e investigadores, exige el mismo rigor académico que en cualquier otra disciplina o trabajo interdisciplinario.

Quizás debamos replantearnos como podemos pensarlo o volver a pensarlo desde las misma academia. Porque es una realidad que se encuentra en todas las ciencias, particularmente las sociales y jurídicas. Hay una exigencia derivada de los mismos avances de los estudios sobre los estudios de las mujeres que requiere replantear la noción de la igualdad desde un concepto de “igualdad sustantiva”, precisamente porque reconoce la ausencia de neutralidad y de equidad en la realidad entre hombres y mujeres, de hecho entre hombres del paradigma masculino “hombre, blanco, católico, alfabetizado, propietario” y el resto de la humanidad excluida por éste. Existe una realidad dramática, que se traduce en el vaciamiento del significado de todo lo que “género” significa, que no ocurriría desde las Matemáticas, el Derecho Constitucional, la Antropología o la Medicina. Nadie se atrevería a entrar en el desarrollo de estos temas sin tener el conocimiento suficiente para implementar una reflexión seria, sin el conocimiento suficiente. Hay una idea equivoca por parte de un gran número de académic@s y universitari@s (y hay que decirlo, del público en general) que entran a disertar sobre estos temas sin una verdadera preocupación por entender las nociones básicas de este sistema de estudios, que como todas las perspectivas teóricas requiere de premisas claras, una epistemología desarrollada, trabajo de campo y comprensión de sus temas. Hablar de violencia contra las mujeres o de derechos sexuales y reproductivos sin entender el origen de tal violencia, sin entender su historia, sus consecuencias. La ceguera de nuestra cultura frente a tales desigualdades, lo cargado que esta nuestro lenguaje cotidiano de esta discriminación y estas prácticas, el nivel de generalización en las diversas clases sociales, la manera en que en todos los espacios se repiten una y otra vez los comportamientos generados por la ideología que normaliza y legitima dichas desigualdades. No se trata de “creer” tener una noción de lo que la igualdad entre hombres y, mujeres implica; se trata de entender que asumir esto es coadyuvar a que esta violencia y este comportamiento que sigue dando la voz y el poder a los mismos privilegiados, permite que no se le exija a quien se ostenta hombre o mujer del paradigma, el mismo comportamiento académico y riguroso que se exige en otras áreas y con otros temas. La discriminación, la violencia de género, la violación constante de los principios que los derechos humanos exigen para tod@s pasa; para comenzar por la ignorancia, ya sea por voluntad y renuncia, ya sea por desconocimiento de que estas realidades existen y que no hay un campo, que este exenta de estos comportamientos.

No se trata de “un asunto de las feministas”, se trata de una lucha por alcanzar la coherencia de un proyecto democrático, por toda persona que se asuma dentro de una tradición del pensamiento que busca la evolución de la humanidad para su supervivencia y preservación, y para ello es indispensable saber de qué se habla, cuando se habla de los temas de género. No coincido con algunas colegas que consideran que solo las mujeres podemos hablar y entender de temas de mujeres, creo que la apuesta de la civilización hacia la democracia que aspiramos consiste en reconocer, que así como la fuerza es más un argumento de animales primitivos y la inteligencia de seres humanos libres; la libertad, el trabajo de reflexión debe lograr dar el salto cuántico y dejar de justificar que ser hombre, blanco, “letrado”, sea la única exigencia para “hablar con autoridad” -sin tenerla- de cualquier tema. En honor a las 146 mujeres muertas en nombre de ese mismo privilegio, y de todas las que siguen muriendo en México gracias al mismo rasgo cultural y social: La misoginia.

Escritora e Investigadora IIJ-UNAM

learapha@gmail.com                     @LUCIARAPHAEL11