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Un diagnóstico (más) sobre México / Razón de Estado / Joaquín Narro Lobo

  • Joaquín Narro Lobo

Creo que México está sobrediagnosticado en sus problemas. Falta de competitividad en distintos sectores de la economía, pobreza lacerante y creciente, corrupción e impunidad en prácticamente todos los ámbitos del sector público y la sociedad, inseguridad en distintas zonas del país, falta de empleos bien remunerados que ocupen a la gran ola de jóvenes que todos los años egresan de la educación superior, sistemas como el de salud o seguridad social que no cumplen con las mínimas condiciones, etcétera, etcétera. Todo, o casi todo, ya se ha dicho.

Entre tanto diagnóstico sobre lo mal que estamos como país, las fallas sistémicas y los errores de nuestra clase política, bien valdría también diagnosticar dónde nos encontramos parados como sociedad. Al final somos nosotros quienes “padecemos” lo mal que está el país y las consecuencias de los actos de otros. La sociedad de cualquier país es la que reciente los altos niveles de impunidad, el crecimiento del crimen en sus distintos niveles, la pauperización de las fuentes de trabajo, la falta de servicios públicos que cumplan con nuestras necesidades, así como los largos etcéteras que podamos agregar a lo mal que como país estamos.

¿Pero dónde estamos parados esos ciudadanos que demandamos de nuestra clase política un comportamiento apegado a la ética y la decencia, al trabajo y al esfuerzo, a la verdad y la probidad, a la solidaridad y la dignidad? La verdad de las cosas es que no lo sé. No sé en qué momento nos empezó a resultar tan fácil volcarnos a la crítica sencilla, sin siquiera estar conscientes de la necesidad de hacer cambios pequeños para lograr aquellos mayores. A veces, cuando escucho tanta crítica y no hallo en las palabras ni en los actos la propuesta o el ejemplo, me cuesta trabajo seguir creyendo en mi como parte de una sociedad, de un Estado, de México.

No pretendo con mis palabras restar importancia a la responsabilidad que los políticos tienen en el desastre que han generado en el país. No creo que ellos sean inocentes de parte importante de los problemas que nos aquejan y que día a día nos alejan más de lo que quisiéramos ser. Lo que digo es que en la reflexión más sencilla y en el más elemental de los pudores, yo también me siento responsable por esta situación. Confieso que empiezo a preocuparme por aquello que sigo sin hacer para que mi país sea mejor para los hijos que un día tendré con Karen, la mujer a la que amo, y para quienes no quiero más confrontación, desconfianza, violencia y pobreza.

Los mexicanos tenemos que cambiar. Debemos dejar de ser tan críticos para ser más prácticos. Debemos transformar la lástima que sentimos por nosotros mismos para sentirnos orgullosos de nuestro origen. Debemos modificar nuestra desidia por ánimo e ímpetu para crecer y salir adelante. Debemos cejar en preferir dar 50 o 100 pesos para evitar una multa de tránsito. Debemos tirar la basura en su lugar. Debemos saber, de una vez, que el problema es de todos y por todos y que solo trabajando por lo mismo, habremos de salir adelante. Dejemos de hablar y empecemos a hacer, al fin que solo es un cambio de verbo.
joaquin.narro@gmail.com Twitter @JoaquinNarro