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Un discurso de Cárdenas y la réplica de Gómez Morín

  • Juan Antonio García Villa

Juan Antono García Villa

Con el título de “Cárdenas por Cárdenas”, recientemente el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas publicó un grueso volumen (766 págs.) con la biografía de su padre, el general Lázaro Cárdenas, presidente de México de 1934 a 1940. A reserva de hacer posteriormente una reseña de este libro, es obvio que debe resultar muy cuesta arriba para un hijo escribir sobre la trayectoria de vida de su padre, en particular si se trata de un político. Y más aún de un político controvertido.

Imposible pues solicitar a un biógrafo así, algo diferente a un largo canto laudatorio de la obra toda de su progenitor. Solo escribirá, como lo hace, que todo lo hizo bien, sin mácula alguna. No cometió yerro ni por asomo, en nada se equivocó. Todos los que de alguna manera le hicieron señalamientos o críticas, están equivocados o son de mala fe.

Con el ánimo de empezar a leer esta biografía de Cárdenas escrita por su hijo, al ver lo voluminoso del libro que la contiene pensé, vana ilusión, que incluiría alguna referencia, así fuera mínima, al discurso que el presidente Cárdenas leyó el 20 de febrero de 1940 “ante la atónita legislatura de Guerrero, escogida por ignoradas razones para oírlo”. Así como a la respuesta que ocho días después dio Manuel Gómez Morín a ese discurso, el cual calificó de “extraordinario”. Pero nada, absolutamente ni una palabra sobre el punto.

Sin exageración, ese documento redactado por Gómez Morín, a pesar de su corta extensión, es uno de los más lúcidos documentos de la historia política de México. Pero también lamentablemente casi desconocido, bien sea por mera ignorancia o por razones de carácter faccioso. Aún hoy en día, casi siete décadas después, se puede leer con gran provecho.

Por el profundo conocimiento que Gómez Morín tenía de la realidad de México y sus problemas; por haber sido el creador de nuestra moderna legislación económica (hacendaria, crediticia, bancaria, etc.); por su absoluta independencia de criterio con relación al Gobierno, al que prestó valiosos servicios, pero siempre sin retribución; por su proverbial claridad de pensamiento y brillantez de estilo, ni tecnocrático y mucho menos demagógico; por éstas y otras consideraciones semejantes, se trata de un gran documento de réplica a “un discurso extraordinario” del presidente Cárdenas.

Ni una sola línea de las casi 800 páginas que empleó el autor para echar demasiado incienso a su padre, tocó el tema. Todo parece indicar que el propósito de este libro fue dar rienda suelta al maniqueísmo. Y nada más.

Lo que Gómez Morín plantea en ese documento en materia educativa, agraria, petrolera, económica y política aún hoy es más que atendible. ¡Ay, de habérsele hecho caso entonces, qué país tan diferente, para bien, tendríamos hoy!