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Un duelo de hombres e imperios que arrastra el paso de la historia | Carlos Siula

  • Carlos Siula

PARÍS, Francia.– En el sutil ejercicio de la alta diplomacia internacional, casi todos los actores de la partida juegan con cartas ocultas dentro de la manga. Otros fingen jugar al ajedrez, pero en realidad mienten como en el póker. El caso de los presidentes de Rusia y Turquía, Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan, es diferente. Se comportan como si estuvieran en una elegante partida de bridge, pero –debajo de la mesa– actúan como en un encuentro de catch, y cuando atacan por la espalda al adversario, miran al público con cara de fingida inocencia como diciendo: “¿De qué se queja? No entiendo por qué me acusa”.

La reconstrucción del incidente aéreo del 24 de noviembre último, en el cual dos cazas turcos F-16 abatieron a un avión de combate ruso SU-24 cerca de la frontera siria, parece demostrar que los dos hombres estaban preparados para un episodio grave de esa naturaleza.

¿Error o emboscada?

El relato del Gobierno turco asegura que el caza ruso fue confundido con un avión sirio. El 26 de noviembre, Erdogan afirmó, incluso, que la reacción de la Fuerza Aérea turca habría sido diferente si el aparato hubiera sido identificado como ruso.

Esa versión, desde luego, fue desmentida por el Kremlin. El Ministerio de Defensa sostiene que los dos cazas turcos que atacaron a los aviones rusos estaban en “actitud de emboscada”.

Esa presentación de los hechos induce a pensar que, después de cuatro violaciones consecutivas del espacio aéreo turco por parte de la aviación rusa, el incidente fue organizado y deliberadamente provocado.

“No fue algo espontáneo. Fue una decisión no solo militar-operativa tomada a nivel táctico, sino también a nivel político. Una decisión de ese tipo no se adopta sin contar con el acuerdo de la dirección del país”, se irritó el analista político Karine Gevorgyan por el Canal Uno de televisión.

Los dos países presentaron de inmediato un cronograma, con la altitud de los aparatos segundo por segundo, para deslindar responsabilidades. Pero los peritajes realizados por expertos independientes demuestran una serie de incoherencias e inexactitudes en ambas versiones.

Ankara se contradijo a sí mismo al decir que el avión permaneció 17 segundos en el espacio aéreo turco y, al mismo tiempo, afirmar que “durante cinco minutos advirtieron 10 veces al piloto” antes de disparar los misiles aire-aire. Moscú sostiene incluso que los aviones turcos penetraron en el espacio aéreo sirio para atacar a Su-24 rusos.

Konstantin Murajtin, copiloto del avión, que pudo eyectarse del aparato alcanzado por un misil, afirmó que no hubo violación del espacio aéreo ni advertencias radiales o visuales. “El misil vino hacia la cola del avión y no lo pudimos ver para intentar una maniobra de escape”, aseguró.

Disparos por la espalda

“Jamás olvidaremos a quienes dispararon por la espalda a nuestros pilotos (…) Quienes creen que la réplica de los rusos se limitará a las sanciones comerciales, se equivocan”, clamó Putin en tono vindicativo. “Turquía lamentará haber derribado un avión ruso”, agregó.

A pesar de practicar la religión ortodoxa, Putin invocó a Alá para tratar el comportamiento de Erdogan. “Aparentemente [Alá] decidió privar a su Gobierno de la razón”, dijo en un claro intento de llegar con su estocada al corazón de la opinión pública turca.

Además de las represalias de alcance limitado, como la suspensión de importaciones de frutas y el congelamiento del flujo turístico a las playas turcas del Mediterráneo y el Mar Negro, Moscú anuló las negociaciones sobre la construcción del oleoducto Turkstream, que debía transportar el gas ruso hacia Turquía y Europa.

También amenazó con paralizar la construcción de la central nuclear Mersin-Akkuyu, primera planta de producción eléctrica del país. “En cualquiera de los casos, encontraremos otros que seguirán los trabajos”, respondió el Gobierno de Ankara.

Acusaciones cruzadas

Pocos días después, en su discurso sobre el Estado de la Unión, Putin denunció a los “países que combaten al terrorismo con un doble lenguaje” y utilizan a los grupos yihadistas en su propio beneficio.

El Kremlin comenzó afirmando que el Gobierno turco estaba implicado en el contrabando del petróleo que el grupo Estado Islámico (EI) produce en Siria. Luego sostuvo que los principales beneficiados de ese negocio eran miembros de la familia de Erdogan.

“En Occidente nadie se formula demasiadas preguntas al ver que el hijo del presidente dirige una de las principales compañías energéticas [que comercializan el petróleo sirio] ni sobre su yerno, que es el ministro de Energía. ¡Es un negocio familiar!”, denunció el viceministro de Defensa ruso, Anatoli Antonov.

La acusación se refería concretamente a Bilal Erdogan, de 34 años, accionista de una empresa naviera que transportó cargamentos de petróleo explotado por el EI en Siria, según una denuncia del semanario tecnológico norteamericano The Verge.

BILAL ERDOGAN. ¿Con supuestos yihadistas o desinformación?

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Algunas fuentes piadosas —posiblemente manipuladas por los servicios secretos rusos FSB, herederos de la temible KGB soviética— difundieron fotos que muestran a Bilal Erdogan en compañía de supuestos dirigentes del grupo EI. Los dos barbudos, sin embargo, serían al parecer los hermanos Ali e Ismail Kember, presentados como propietarios de un restaurante de Estambul donde suele cenar el hijo del presidente.

Esa denuncia provocó la inmediata reacción de Erdogan. Desde Qatar —donde se encontraba en visita oficial— el presidente replicó que “nadie tiene derecho de propagar ese tipo de calumnias” y amenazó con adoptar represalias. “Yo también tengo pruebas sobre la implicación de Rusia en el tráfico petrolero [del EI] a través del empresario sirio George Haswani, titular de un pasaporte ruso”, declaró.

GEORGES HASWANI. ¿El traficante de petróleo de Putin?

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Peso de la historia

En ese marco explosivo, la menor fricción entre los dos países puede reabrir las brasas ardientes de la historia.

Un siglo después del derrumbe del imperio otomano y de la caída del régimen zarista, los dos herederos de esas grandes potencias parecen decididos a restaurar el prestigio del pasado.

Los historiadores turcos no cesan de recordar que Turquía sufrió enormes padecimientos cada vez que Rusia se encontró en un momento de auge. Durante la Guerra de Crimea, la Primera Guerra Mundial y la Guerra Fría tuvo que recurrir a una política de alianzas con Occidente para protegerse contra toda ambición de su poderoso vecino. Ahora, el Gobierno de Ankara siente la misma angustia que en el pasado.

La alucinante escalada entre Rusia y Turquía en el escenario de la guerra siria sugiere que el duelo entre el Zar y el Sultán, lejos de haber terminado, en realidad recién acaba de comenzar.

/arm