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Un ejemplo de lo que sí se hace bien, en materia educativa

Emilio Troncoso Acosta

La semana pasada, se llevó a cabo la firma del convenio de cooperación entre el Sistema Nacional de Desarrollo Profesional (Sinadep) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), que tiene como finalidad desarrollar actividades conjuntas para impulsar la ciencia, la tecnología, la innovación, la investigación y la formación de recursos humanos de alto nivel en el sector educativo, celebrado en las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública y teniendo como testigo al titular de la dependencia, Aurelio Nuño Mayer. En ese marco, se hizo un reconocimiento a un grupo de alumnos becarios, pertenecientes a la Generación Bicentenario, que fueron invitados de honor a ese evento.

El programa de Becas Bicentenario nació en 2010, por iniciativa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y con el aval de sus agremiados, para celebrar el bicentenario de la Independencia de México y el centenario de la Revolución, de la forma más constructiva; estimulando, impulsando y apoyando la educación de calidad. Esta iniciativa tuvo como idea hacer un monumento viviente que pudiera dar testimonio del verdadero sentido de estos sucesos históricos y apoyar a mil niños con una beca económica para realizar sus estudios.

Además del SNTE, en esta iniciativa participan el Nacional Monte de Piedad, que es el mayor aportante, TV Azteca, y recientemente el Gobierno del estado de Puebla, apoyando a este grupo de estudiantes talentosos que han dado muestra de que sus recursos han sido bien invertidos, en la mayor apuesta, que es la educación de los niños y jóvenes de nuestro país.

Esta beca fue concebida como un proyecto de transformación nacional, logrando reunir a mil de las y los mejores estudiantes mexicanos, seleccionados de entre más de 13 millones de jóvenes de escuelas de Educación Básica de todo el país. Los alumnos seleccionados fueron niños y jóvenes talentos procedentes tanto de las áreas más remotas y de diferentes etnias indígenas, como de escuelas privadas y urbanas, lo que significó un verdadero ejercicio de equidad e inclusión y que para ellos representa un privilegio, pero también un compromiso para desarrollar su potencial y talento, y ponerlos al servicio de nuestra nación.

A decir de Stephanie González Díaz, un ejemplo de la Generación Bicentenario, en la actualidad estudiante de Derecho y Economía en el ITAM, esta generación tiene un compromiso con la sociedad, por lo que ella y sus compañeros se han esforzado por corresponder a la confianza depositada. En su caso, presta servicio a la comunidad, orientando a los alumnos de Educación Básica que muestran dificultades para aprender o a quienes tienen el interés por destacar y ser exitosos, retribuyendo con acciones concretas, el apoyo recibido.

Por su parte Rafael Perafán Than, otro miembro de esta generación, que actualmente estudia Administración y Negocios Internacionales en la Universidad Panamericana, advirtió que gracias a esta beca, que por cierto requiere ser ajustada en los montos, él y sus compañeros han podido continuar sus estudios, mostrando un alto nivel académico y exhortando a quienes los han apoyado a continuar con este esfuerzo con nuevas generaciones de alumnos, que también sabrán corresponder con dedicación.

Sin duda alguna, la educación tiene un efecto directo sobre la vida de las personas y sobre la sociedad en su conjunto, por lo que apoyar a los alumnos, con acciones como ésta, merece un amplio reconocimiento, ya que constituye un ejemplo de lo que sí se hace bien, en materia educativa, y que la sociedad debe saber que hay instituciones que han entendido que el futuro de nuestro país debe construirse a partir de la formación de nuestros niños y nuestros jóvenes.

Mucho se ha discutido sobre el deterioro de la educación en nuestro país, haciendo señalamientos de lo que está mal y del rezago educativo en el que nos encontramos, identificando como constantes el fracaso escolar y los altos niveles de deserción; factores que debemos considerar con seriedad, por su impacto en las familias, en el nivel de bienestar y en la cohesión social, además de tener un impacto directo en las finanzas públicas, pues estudios realizados han demostrado que a menor formación, menor salario y menor consumo.

El rezago educativo y la deserción, no siempre son atribuibles a la falta de capacidad o de interés; en ocasiones aunque exista capacidad e interés, no hay recursos con qué estudiar, por lo que el abandono es inevitable. Hay que retomar estas buenas prácticas, para apoyar la educación, que sí impacta en el bienestar social.