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Un espectáculo deprimente

  • Pedro Peñaloza

“No hay sociedad floreciente y feliz, donde la mayoría de sus miembros son pobres y miserables”.

Adam Smith

  • Pedro Peñaloza

1. Panistas respondones y olvidadizos. El jovenzuelo Ricardo Anaya, presidente del partido blanquiazul, lanza provocaciones a los corrientes panistas enmohecidas y aburridas. Su imagen está en toda la propaganda y eso no le gusta al grupo de Felipe Calderón y otros, la ven como una evidente desventaja frente a la elección de la candidatura presidencial. Ahora resultan muy cuestionadores los rivales de Anaya, olvidan el comportamiento abyecto y sumiso que tuvo el aparato partidario en las administraciones de Fox y del propio Calderón. Es decir, con el paraguas de Los Pinos el panismo reprodujo el ADN priísta y convirtieron al Inquilino de Los Pinos en el gran tlatoani, que decidía todo; en aquellos momentos nadie o casi nadie cuestionó los desplantes intervencionistas de los presidentes panistas, que vaya que eran burdos y grotescos, como es evidente, el poder presidencial apabulla las ansias democráticas.

Asimismo, no debemos dudar de que la disputa entre Margarita y Ricardo, y quizá otro, puede ser ríspida; sin embargo, ésta derecha mexicana es muy disciplinada y acata los resolutivos sin rupturas. La ventaja del jovencito es que está dirigiendo a un partido que viene de un ciclo de triunfos estatales. El tema que evaden los panistas en su debate es el que se refiere a las propuestas programáticas de los suspirantes. Todos, con matices, tienen la misma matriz neoliberal y conservadora. De lo cual seguramente pronto hablaremos.

2. El PRI en la esquizofrenia. El nuevo gerente nombrado por Los Pinos llegó con la bandera de la lucha contra la corrupción, pero él mismo protagonizó un ejemplo de manejo abusivo de su retiro en la CFE. Los Duarte y los Borge le dieron la bienvenida, y que por cierto, dichos personajes fueron ensalzados por el entonces candidato Peña como los “nuevos cuadros del PRI”. Ahora, frente a la grotesca corrupción de la que han hecho gala esos “prometedores” jóvenes, virreyes estatales, el presidente permanece callado. El PRI, para lavarse la cara, incluso tardíamente, expulsa al exgobernador de Veracruz, ya que el escándalo es vergonzoso y la pus se expandió nacionalmente. En tanto, otros gobernadores, de la misma estirpe corrupta, permanecen en la sala de espera para ver cuándo conviene sacrificarlos. A los impresentables “charros” sindicales priístas nadie se atreve a tocarlos. ¿Por qué será?

Es evidente, que el desastre del partido oficial se corresponde a la impericia y torpeza con que se maneja al Gobierno federal. Peña ya está más preocupado en cómo protegerse al concluir su administración que en ejercer la gobernabilidad, como lo muestran los cambios en la PGR y en la Función Pública, con los cuales busca blindarse para los próximos nueve años.

3. El país da tumbos. La clase política vive en una orgía permanente, quizá no haya conciencia del polvorín que han construido, para ellos es lo menos importante. Las elecciones de 2018 se presentan como la meta inmediata para disputar los territorios de la hegemonía, de nueva cuenta las fatuas promesas taladrarán la mente de las mayorías. Los instrumentos para concretar las poses demagógicas están ausentes: ni seguridad pública, ni satisfactores sociales, mucho menos horizontes promisorios para quienes viven de la venta de su fuerza de trabajo, en especial las poblaciones juveniles seguirán atrapadas entre el discurso exitista del capitalismo tardío y la realidad lacerante de carecer de satisfactores reales y concretos. Es claro, que la clase política apuesta al olvido y a los mendrugos, ya veremos si son suficientes distractores para evitar irrupciones sociales.
pedropenaloza@yahoo.com

Twitter: @pedro_penaloz