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Un febrero esplendoroso para la Ciudad de México / Ma. Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

Desde Miami

En las últimas horas del 2015 me dedico a llamar a los amigos y a pensar en lo que nos llegará para 2016. Por supuesto una de mis primeras llamadas es a Valentina Alazraki, mi amiga y mentora en las cuestiones vaticanas para las que, sin lugar a dudas, no hay otra periodista mexicana más conocedora verdaderamente dentro de la Santa Sede.

Hablamos con el entusiasmo de siempre del próximo viaje del papa Francisco a México y ambas, mexicanas con ese amor que la distancia incrementa, pensamos en lo increíble que será esa jornada para la que faltan escasas seis semanas. El resto del día me quedo pensando en que el dicho tiene razón: “el que persevera alcanza”, y así será en este viaje papal. Me explico mejor.

El mismo día de la Misa de inicio del ministerio petrino, Francisco, entre todos los invitados, recibió a Miguel Ángel Mancera, el jefe de Gobierno de la capital azteca, quien por supuesto que estaba ahí para entregarle una de las decenas de peticiones que le llegaron de inmediato para visitar México.

Más tarde, mientras andábamos por la céntrica zona del Panteón, junto con el camarógrafo Juan Carlos Guzmán y la productora Arianna Requena, de pronto vimos un revuelo alrededor de un personaje, simpático, con la sonrisa siempre a flor de piel.

Requena, al fin productora, se nos adelantó a ver de qué se trataba, solo para regresar corriendo:

“Es el jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Tratemos de entrevistarlo…”

Por supuesto que no hubo que decirlo dos veces, porque de pronto, rápidos y raudos estábamos frente a él.

Pero tuvimos que esperar un momento porque no quisimos romper lo que estaba sucediendo espontáneamente: que verdaderas hordas de turistas capitalinos en Roma, lo tenían cercado para tomarse una foto con él, para saludarlo de mano, y Mancera, sin importar nada más que no defraudar a sus electores, cumplía aquellas peticiones.

Poco después nos tocó el turno y decidió caminar con nosotros por aquellas milenarias calles romanas. Le pregunté entonces sobre la invitación para visitar la capital.

“Más allá de haber entregado, por supuesto, oficialmente la invitación, hay muchas cosas que nos emocionan como mexicanos y como ciudadanos del Distrito Federal, por ejemplo, que se convierta en el segundo Papa en visitarnos y poder entregarle ahí, las llaves de la ciudad como nuestro distinguido huésped.”

Debo confesar que aunque igualmente me emocionaba pensar en ese momento, también, por la cantidad de invitaciones que ya había recibido el primer Papa hispano de la historia, en ese 2013, aquello se antojaba casi imposible.

Hoy, cuando comienza el 2016 y la visita de febrero 12 es cuestión de días, “se me enchina la piel” nada mas de imaginar lo que será ese momento, cuando el Papa Francisco sea nombrado huésped distinguidísimo de la que fue la Gran Tenochtitlan, justo en ese Centro Histórico que tanto simbolismo tiene y donde su antecesor, San Juan Pablo II dijera en su primera homilía en la Catedral: “De Polonia, mi país se dice que es ‘Semper Fidelis’, ‘siempre fiel’, yo quiero decir: México, Siempre Fiel”.

Y México le fue fiel hasta el último suspiro, y aquella frase se convirtió en historia.

¿Qué sucederá ahora con Francisco en su visita? ¿Qué cosa va a decirnos? ¿Los mexicanos superaremos el calor humano de Río de Janeiro en 2013? Lo espectacular de los EU y Cuba?

Ay doctor Mancera, por lo pronto, nos emocionamos en pensar que aquella invitación de hace años que usted le hiciera, campechano y honesto, está pronta a hacerse realidad y que dará a sus gobernados, literalmente, unos días benditos, papalmente. Y que ahí estaremos para atestiguar lo que se antojaba imposible. Amen.