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Un filme monotemático

  • La moviola/ Gerardo Gil

En una escena de Kong: La Isla Calavera (Jordan Vogts-Roberts,2017) “Mason” (Brie Larson) ve fijamente a “Kong”. La bestia (el gorila en cuestión), se desconcierta y conmueve. Luego, camina hacia otra parte. Cual escena romántica, los dos personajes se identifican, hasta cierto punto parece que hay un reconocimiento entre uno y otro: la reportera y el primate subdesarrollado. Entonces, el encanto se rompe. Esa relación, breve y anticlimática, será el principal divorcio de esta versión del clásico personaje y el filme hecho en 1933, dirigido por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedscack.

Es cierto, que el filme de Vogts-Roberts incluye una escena de rescate heroico entre el mono y la fotógrafa, pero en los hechos, solo servirá como referencia cinematográfica, no más. En el olvido queda la audaz visión sobre la monstruosidad y la belleza, junto con la cruel mirada hacia el mundo del espectáculo de la primera versión.

En realidad, Kong: La Isla Calavera, hace más guiños al remake de Dino De Laurentis (dirigido por John Guillermin) hecho en 1976 y protagonizado por
Jessica Lange y Jeff Bridges, que al filme de 1933. El último referente al clásico cinematográfico, es de 2005 y fue protagonizado por Naomi Watts, Adrien Brody y Jack Black.

En esta versión, lo que vemos en pantalla, tiene la intención de parecerse más a un derivativo que ha mutado en clásico; casi en una idea original: la serie de filmes que el Estudio japonés Toho, hizo desde 1962 sobre el malhumorado macaco. El primero de ellos titulado por cierto, King Kong vs Godzilla. Si Batman contra Superman, pensará Warner, no despertó las expectativas deseadas, ¿Cuál es el problema? Revivamos una añeja idea y démosle una ligera vuelta de tuerca.

Es 1973 y “Bill Randa” (John Goodman) es un astuto vendedor de armas. Su más reciente propuesta- negocio, consiste en explorar un territorio virgen que puede aportar recursos naturales a la economía: La Isla Calavera. Para lograr su fin, convence a un senador con la intención de que le de presupuesto además de un batallón de soldados para su protección en el peligroso territorio.

Entre el grupo escogido para ir se encuentra: “Preston” (Samuel L. Jackson) un militar de alto rango, humillado por la derrota en Vietnam (el personaje que da la profundidad temática al filme); “James Conrad” (Tom Hiddleston), quien es un indianajonsesco forajido y una fotógrafa de guerra que se cuela en la misión (la rubia en cuestión), la ya mencionada “Mason”. Se unen además de uno que otro burócrata, el grupo de militares que por cierto, irán cayendo conforme avance el filme (y conste que esto más que spoiler es bastante obvio).

El problema con esta versión, es que se queda en el planteamiento inicial del filme de Cooper y Schoedsack. Para ser más concreto, en su primera parte. Todo con la intención de continuar con la franquicia que inicia Gozdilla (Garreth Edwards,2014). Kong… como un filme puente pues. De ahí que la base sea Toho y no su idea original. Eso sí, el título del filme no engaña, porque sus carencias son anunciadas desde ese punto.

Tampoco es que uno le pueda escatimar algunos buenos momentos: la aparición del despistado “Hank” (el siempre talentoso John C. Really) o esa narrativa casi episódica muy de la serie B, la estética a lo Burroughs que se percibe. Incluso la clara alusión al cine de “monstruos”, dicho esto a nivel genérico, ya que King Kong fue uno de los filmes fundacionales de esta serie. Pero el resultado final y en conjunto de estos elementos, incluso lo referente a Toho, se percibe anecdótico, plano, ajeno a la profundad del planteamiento del que parte. Tedioso incluso.

En sus mejores momentos, recuerda a Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993) con sus persecuciones interminables y arquetipos inacabables: el duro militar vengativo, la rubia –signo de los tiempos, audaz-, el patán heroico o el mezquino burócrata, por cierto latino.

Una superproducción que pretende conjuntar los diversos elementos que han compuesto al personaje durante décadas y en sus diferentes versiones y estilos pero que por esto, nunca alcanza a tener una personalidad propia. La urgencia de armar una franquicia deja a Kong náufrago en la Isla Calavera.