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Un gobierno esquizofrénico

  • Pedro Peñaloza

1.- Los límites de las promesas. Las prioridades económicas del gobierno de Peña Nieto son tan contradictorias como lo han sido en la fase neoliberal, por lo menos, es decir, en el periodo del abandono del vetusto Estado de bienestar, cuyos objetivos primarios eran “atemperar” la pobreza. Ahora, la clase política dominante ni siquiera es capaz de cumplir con los lineamientos enunciados por los documentos oficiales. Veamos: según el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP), “pese a que en el discurso la prioridad del gobierno federal en materia de gasto es atender las necesidades de los grupos más vulnerables en términos de salud, educación, desarrollo social y rural, entre otros, a la hora de ejercer el presupuesto dichas áreas han mostrado subejercio (La Jornada, 30/julio/17, p.17).

2.- Ver más allá de lo aparente. El estudio señala que, “en los pasados nueve años, los recursos ejercidos al cierre del ciclo, invariablemente, han superado los montos aprobados, aunque la variación registrada en 2016 es la más alta del periodo”. Más aún, revela que en términos generales en los sectores más vinculados a las prioridades de gasto, tales como salud, desarrollo social y agricultura, en el periodo referido, sus presupuestos ejercidos son inferiores a los que originalmente les aprobó la Cámara de Diputados. Veamos los graves contrastes en cifras: “En el caso de la Secretaría de Salud, en 2016 se presupuestaron 132 mil millones de pesos y se ejercieron 124 mil; mientras la Secretaría de Desarrollo Social tenía presupuestados 109 mil millones y se ejercieron 106 mil; y en Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación el presupuesto fue de 84 mil millones y se ejercieron 79 mil millones”. En cambio, “la Presidencia tenía un presupuesto el año pasado de mil 900 millones y gasto 3 mil 500; Gobernación tenía 67 mil millones y gasto 83 mil, y Hacienda tenía un presupuesto de 28 mil millones y ejerció 48 mil”. Conclusión básica: “desde 2008 a la fecha el gasto destinado a funciones sociales concentra más del 50 por ciento del gasto programable de la Federación, éste no ha sido suficiente para reducir la pobreza y propiciar la prosperidad del país planteada por el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 (PND)”.

3.- Entre lo urgente y lo importante. Dejemos para otras ocasiones los desplantes de “cercanos a los pobres”, de poco valen frente a la frialdad de los cifras y los hechos de los imberbes gobernantes. No tienen defensa los dueños del poder político, sus prioridades son lejanas a los desvalidos. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), exhibe la anemia de la política económica y las simulaciones de los hechiceros de lo trivial. “En 25 programas que se derivan del PND hay 368 indicadores que dan cuenta del desempeño de la política social de los cuales sólo el 20 por ciento tiene avance adecuado, mientras 8 por ciento es superior a lo esperado” (La Jornada, 1/8/17, p. 13). A lo anterior habría que agregar el mediocre crecimiento económico, la generación de empleos precarios que poco ayudan al mejoramiento de la vida de los asalariados (y que por cierto, agregan poco valor a la economía), elementos queconforman parte de los circuitos de un sistema diseñado para perpetuar la dominación de una clase política insaciable y la orgia económica de minorías opulentas.

Epílogo. El presente es previsible y el futuro
ominoso.

pedropenaloza@yahoo.com

@pedro_penaloz