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Un “junior” a Oaxaca / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

El “dedo divino se alzó” y el Revolucionario Institucional designó a Alejandro Murat, como su candidato a la gubernatura de Oaxaca. Así confirman el regreso a los peores tiempos del PRInosauriado.

En la oposición se discuten abiertamente las disidencias y la inconformidad de quienes no aceptan a los postulantes elegidos. En el Tricolor se hace el silencio, solo se escucha la voz del triunfante y cuando mucho, su presidente aplaude al seleccionado.

Podrán evitar los zarpazos públicos, pero persiste el resentimiento y el repentino cambio de camiseta, para enrolarse en otras siglas y competir con los de enfrente, o de plano irse por la libre, como “El Bronco”.

Eran varios los suspirantes a una silla embrujada oaxaqueña, que podría ganarse con facilidad, tras el descalabro del Gobierno del coalicionado Gabino Cué. El hartazgo social, ante un personaje que “no dio pie con bola”, podría inclinar la balanza electorera, hacia un PRI del que también estaban asqueados.

Como somos de débil memoria, frente al fracaso de la alternancia se piensa que no todo el pasado fue tan negro. ¡Craso error que se paga con lágrimas de sangre!

El heredero Murat ejemplifica la sobrevivencia de los cacicazgos, azote nacional que creímos habría de desaparecer, en pleno Siglo XXI. Si hacemos memoria, después de la administración de Heladio Ramírez –digno hijo del pueblo, conocedor de las tripas de su entidad y quien se esforzó por conseguir que el estado avanzara- le siguió el entonces también tricolor, Diódoro Carrasco.

De familia caciquil, el ahora panista ejerció un mandato mediocre, sin ánimos para ocuparse de la enraizada problemática de su terruño. Dejó la investidura, pero no la intromisión en los aconteceres politiqueros de su entidad, en la que preside a un grupo influyente.

Continuó José Murat, padre del chamaco en el candelero. De su desgobierno hay constancia y de su incondicionalidad con el magisterio disidente, sobran pruebas. Los encumbró, los “aceitó” hasta lo inverosímil y les permitió tomar en sus manos la educación, mientras él se dedicaba al “cotorreo” y asuntos peores.

Se cerró el ciclo priísta con Ulises Ruiz, ultra satanizado al dejar la entidad, a la que metió en graves embrollos de violencia, justo, con los maestros en rebeldía. Su régimen se volvió uno de los más controvertidos y a su salida, todo lo que oliera a él quedó apestado.

Supuso la caída del Revolucionario Institucional, para dar paso al desastroso Cué, resultado de la unión PAN, PRD. Solo un milagro podría llevar a la coalición, que se va a repetir, a conservar la estafeta. Necesitarían al mejor de los candidatos, el que en una de esas, proviene de los despreciados por el PRI.

Entre las confrontaciones de los caciques, que se niegan a soltar el poder y lo desastroso de los nominados, Oaxaca continúa por la senda de la pobreza, la marginación y la profunda desigualdad.

Ni los programas sociales funcionan, a extremos de haber crecido el número de personas en pobreza extrema y de ocupar uno de los primeros lugares en las entidades rezagadas de la República.

Es el territorio con mayor diversidad étnica y lingüística y en él conviven 18 de las 65 etnias reconocidas por la Comisión de Derechos Indígenas. Hay hambre, carencia de servicios de salud y niños que todavía caminan kilómetros, para llegar a una escuela en la que se suspendieron las clases. ¿Podrá verlo el polémico junior? Por el bien de Oaxaca, esperemos que a la oposición “se le prenda el foco” y designe a un buen candidato.
catalinanq@hotmail.com / Tuiter: @catalinanq