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¿Un Mundial de futbol con Estados Unidos?

  • Rosamaría Villarello

Rosamaría Villarello Reza

Una de las noticias que apareció en estos días (que ya no era noticia) es la presentación de la candidatura conjunta de Estados Unidos, Canadá y México para ser sede tripartita del Mundial de futbol 2026.

Según la propuesta -negociada entre los tres países-, en el reparto de partidos, a México y a Canadá le corresponderían 20; 10 a cada uno, mientras que a Estados Unidos 60, para completar 80 en total.

En otro momento pudo haber sido excelente propuesta para entusiasmar al mundo, así como para los negociantes y los empresarios, principalmente de América del Norte.

Nueve años parecen mucho, pero hoy no se trata de los aspectos logísticos sobre qué partidos, dónde y cuándo se llevarán a cabo, pues habrá que esperar la decisión primero del Comité de Evaluación de la FIFA, a más tardar en febrero de 2020. En este momento existen otros imperativos que ese organismo (hay 211 países y territorios afiliados) tendrá que tomar en cuenta, sobre todo porque tiene un número mayor de miembros que la propia Organización de Naciones Unidas (193) cuya participación tiene otro tipo de reglas.

Esos imperativos tienen mucho que ver con lo que está pasando en el mundo y concretamente con el más poderoso de los tres de Norteamérica. Me refiero al terrorismo, y en particular a las medidas que ha anunciado el presidente Trump de limitar el ingreso a poblaciones provenientes de determinados países musulmanes. Por supuesto que entre los jugadores habrá muchos que profesen el islamismo. Pero aparte de ellos, están los aficionados musulmanes de todo el mundo que querrán asistir, y como va pasando el tiempo, su número será cada vez mayor, por lo que representará un universo diferente al que hemos estado acostumbrados.

Viendo estas circunstancias nada garantiza que para el Mundial las medidas tomadas por Trump ya hayan cambiado; es más, tendrá que ser uno de los elementos fundamentales a analizar por el señalado Comité de Evaluación en 2020, cuando ese personaje esté en su último año de su administración y de continuar, probable candidato para un segundo período.

Si la mayoría de las veces, por no decir todas, la decisión de la organización de un campeonato mundial ha sido política, cuantimás una que no puede dejar pasar un aspecto que tiene que ver con los Derechos Humanos tanto de los jugadores como de las personas que deseen viajar a Estados Unidos. Y evidentemente las medidas de seguridad que haya que tomar para que todos gocen de las mismas garantías de respeto durante su estancia en ese país.

Por supuesto que Canadá y México no puedan aislarse y tendrían que haberlo considerado antes de lanzarse a ser socios de un país que tampoco les garantiza la protección a sus nacionales, sobre todo a los no blancos y con religión musulmana. ¿O habrá pensado el Gobierno estadunidense ya darles un “status” especial a todos los viajantes? ¿Cambiará la política xenófoba?

¿México está en condiciones también de dar protección a los miles y miles que querrán cruzar la frontera norte para irle a echar porras a su equipo?