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Un partido político de resultados / Raúl Aarón Pozos Lanz

  • Raúl Aarón Pozos

Es mucho lo que se ha escrito sobre los partidos políticos en el amplísimo campo de la ciencia política, la sociología y el derecho. Se ha dicho que son puentes entre la sociedad política y la sociedad civil, que son las organizaciones políticas por excelencia para el ejercicio de la democracia o que se constituyen en los mejores mecanismos de representación de los intereses colectivos, entre otras definiciones. En la historia de los partidos políticos en México, estos han evolucionado de ser instancias representativas, hasta convertirse en instituciones que hoy representan los diferentes intereses de la sociedad y que son muestra de la diversidad y la pluralidad de pensamiento de nuestra nación.

No ha sido fácil construir un sistema de partidos en México. Sin embargo, todas sus transformaciones se deben al empuje y a las exigencias de una sociedad que cada vez está más informada, más politizada y más consciente de sus derechos. Todas las modificaciones que ha sufrido la legislación electoral y partidista, no son sino una muestra de ese empuje y de la conformación de una correlación de fuerzas políticas a través del tiempo.

A pesar de la existencia de múltiples aproximaciones para definir y comprender el sistema de partidos, se ha dejado de lado el aporte concreto, la incidencia que los partidos han tenido en el tejido institucional y de manera más importante, del impacto que han tenido en la vida económica, política y social. En un aniversario más del Partido Revolucionario Institucional, partido en el que he militado siempre y al que abandero orgullosamente en el Senado de la República, no podemos sino detenernos para hacer un muy breve recuento del conjunto de transformaciones legislativas y naturalmente sociales, políticas y económicas, que el PRI ha heredado a la sociedad Mexicana.

Quizá uno de los elementos más importantes que se han plasmado en los gobiernos que han emanado de mi partido, son las instituciones sociales, que si bien han cambiado y afinado sus métodos de trabajo, fueron diseñadas en gobiernos priístas. Acciones tales como el Programa Integral de Desarrollo Rural (Pider), el Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados (Coplamar), también podemos mencionar el reconocimiento de los derechos y de la indispensable inclusión de los pueblos originarios en el desarrollo del país, en donde no solo se incluyó el tema de combate a la pobreza y la marginación, sino que también se inauguraron toda una nueva era de programas sociales que hasta la fecha se continúan como una de las políticas públicas más duraderas del sistema político mexicano. Junto con ello, se desplegó también un enorme esfuerzo para el desarrollo de carreteras y mejorar la conectividad del país, se han tenido grandes avances en los sistemas de salud, seguridad social y de manera muy importante, de educación.

En materia económica y comercial, la gran política de industrialización, del desarrollo compartido y estabilizador también fue fruto de gobiernos priístas. Después de algunos tropiezos propios de la inclusión de las economías en los mercados mundiales, en los gobiernos priístas se sentaron las bases para una política macroeconómica responsable que aún ahora, nos ha permitido enfrentar la inestabilidad y crisis en la economía mundial de mucho mejor manera que muchos otros países del mundo. De igual forma, nuestro partido, en el gobierno, fue el impulsor de mecanismos muy importantes para el desarrollo de una política de comercio exterior que abriera la economía al mundo y permitiera una mayor competencia, pero sobre todo, desarrollar una mejor competitividad que hoy, también es un pilar de la fortaleza de la economía mexicana, y me refiero claro a la incursión de México al GATT, la creación del Instituto Mexicano de Comercio Exterior y posteriormente la suscripción del Tratado de Libre Comercio.

La vida política del país también se ha nutrido de los aportes de nuestro partido. La creación de la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales, amplió las opciones partidistas que durante mucho tiempo estuvieron al margen de la vida institucional en el país (el PCM) o la Ley de Amnistía, son dos de los ejemplos más notorios.

En materia de política exterior, los gobiernos del PRI han impulsado algunas de las políticas más poderosas con los principios de la no intervención y el de la libre determinación de los pueblos, o la propuesta ante la ONU de la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, complementaria de la Declaración Universal de Derechos Humanos, o la participación de nuestro país en la fundación del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), organismo regional destinado a fomentar el desarrollo independiente de los países de la región.

Nunca antes los partidos políticos habían estado bajo el escrutinio público de una manera tan aguda y crítica. La composición de algunos de ellos ha mostrado mucho más las aspiraciones de poder de sus facciones, que integrarse a la vida política como los puentes entre la ciudadanía y el poder. Los partidos políticos sin duda tienen una tarea que hacer para cubrir la brecha de representatividad que hoy parece inundar a todos los partidos políticos en el mundo.

Precisamente por ello, es fundamental hablar de sus logros y de su necesidad. Del andamiaje institucional que han creado y que está diseñado para satisfacer las demandas ciudadanas.

Falta mucho por hacer pues las necesidades son cambiantes y las circunstancias también, sin embargo, estamos comprometidos en el PRI a cumplirle a las y los mexicanos y con ello en mente, invitamos al resto de las fuerzas políticas para trabajar en una agenda política que amplíe las oportunidades a las y los mexicanos.