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Un pequeño príncipe llegó a México | Snob | Oscar Valdemar

  • Snob: Oscar Valdemar

¡Cómo no iba a dedicar una edición a mi libro favorito! Y es que, es el “Principito” escrito por un ser extraordinario llamado Antoine de Saint- Exupery, el que desde que era muy pequeño me ha acompañado a todas partes. Se trata de una lectura atemporal, recomendada para cualquier edad; sin embargo, es cuando estamos en secundaria o prepa en clase de literatura que dentro del gran abanico de opciones de lectura siempre figura este título, muchos lo eligen de manera natural, otros por persuasión y muchos otros lo pasan por alto. Lo mismo conozco amigos que me han dicho que les parece el libro de más flojera en el mundo y es respetable. Para mí, es el mejor libro de toda la historia, pues logra condensar principios básicos y ocultos de la existencia humana; pero sobre todo, de las relaciones humanas de una manera magistral, pasando incluso por la muerte. ¡Entonces no es un libro tan infantil! Mi encuentro con el personaje de cabellos rubios como el trigo sucedió en la adolescencia, con aquellas crisis de la identidad, que después descubrí que era más bien crisis de la gente que me rodeaba al respecto de mí, intolerancia e ignorancia para ser exactos. En mi clase de literatura cuando bebí libros al por mayor, debíamos elegir uno para el semestre y yo me “eche” los seis títulos disponibles, entre ellos estaba “Ética para amador” (También precioso), “El perfume” (Poético en cada línea), “Demian” (Lleno de nostalgia), “El retrato de Dorian Grey” (Tétrico pero era Óscar Wilde, así que debía leerlo), “El llano en llamas” (Crudo y con historias vigentes al día de hoy) y “El Principito”. En aquellos años comenzaba a popularizarse la internet, los cuartos de chat permitían conocer a gente de todo el mundo, donde no importaba nada más que las palabras, ya que no se podía como ahora el intercambio tan sencillo de fotos, videos y todo eso que ahora ha intoxicado a mucha gente. Entonces comencé con el orden de títulos tal como lo describí aquí, pensé que el de Antoine lo dejaría para después, pues estaba en mi época más turbulenta conmigo mismo, así que tanta dulzura me parecía fuera de lugar. Pero había ya una energía conectada que me llevaría a descubrir ese mágico desierto y cada uno de los capítulos escritos por el aviador francés, así un buen día por azar entre a una sala de chat donde todos hablaban del libro, yo comencé a debatir los comentarios y finalmente decidí leerlo para poder tener más argumentos de debate, los cuales se transformaron en halagos para el libro, pues me capturó desde el capítulo donde el pequeño príncipe pide se le dibuje un cordero. Conforme fui avanzando en las páginas pude leer entre líneas muchos de los mensajes tácitos y otros muchos redactados en forma de analogías, una forma suavizada de tocar temas como lo es la muerte de un ser amado, o la muerte de nosotros mismos al olvidar a nuestro niño interior. Es a través de un pequeño lleno de ternura, adorable, noble, inteligente y valiente que Antoine nos recuerda acerca de los importantes valores que son olvidados por los adultos como la amistad. En una sociedad informáticamente intoxicada y consumista como la que predomina al día de hoy, se ha olvidado acerca de que es el tiempo que pasamos con las personas lo que nos hace amarlas, que el amor es incondicional y por encima de los defectos de las personas, que somos programados para ser tal o cual persona y cumplir con un rol en la vida sin tomar en cuenta lo que más nos apasiona, que seremos esclavos si no obedecemos (¡Qué paradoja!). En fin, hay tantos mensajes dentro del texto maravilloso que ha sido traducido a múltiples idiomas, tan solo debajo de la Biblia.

EN “EL Principito” hay tantos mensajes dentro del texto maravilloso que ha sido traducido a múltiples idiomas, tan solo debajo de la Biblia.

Desde hace un par de años comenzó el proyecto de realizar un nuevo filme con la historia del pequeño habitante del asteroide B612 una labor muy compleja debido a que la historia se ha transformado de culto, los acérrimos seguidores, fans y devotos nos lanzaríamos directamente a la yugular de aquel que osara plasmar la bellas historia de una manera que, desde nuestro criterio, fuera incorrecta. Pobre del que atentara con manipular la esencia del Principito, transformar al zorro o echar a menos cualquier detalle que los casi estudiosos del tema consideraran vital en la historia. La cinta comenzó a anunciarse desde el año pasado, breves tráilers nos dejaban ver que se trataría de una animada, con lo cual creo que se cumplen dos objetivos; el primero es dar vida de manera mágica a la estructura narrativa llena de elementos imaginarios de la historia y segundo, lograr que nuevas generaciones conocieran al pequeño príncipe. Éste último me encanta pues ahora tengo, como muchos otras personas, una herramienta efectiva para que vmis sobrinos también conozcan de la historia. La película se estrenó este verano en Francia, no era para menos. Fue precisamente París, mi ciudad favorita, donde se realizó el guión de la versión cinematográfica que se estrenó este fin de semana ¡Por fin! en México. Un verdadero suceso, acudí desde hace un par de semanas al pre estreno, aunque tengo muchos amigos que son seguidores de la historia, decidí ir en solitario, para poder prestar toda la atención posible al evento. No me fue sorprendente ver que la sala estaba totalmente llena, de esa y de todas las funciones de pre estreno, el cual fue anunciado de manera exclusiva en las redes sociales oficiales de la cinta. Solo estaba disponible la versión en inglés con subtítulos en español. El guión es sinceramente excepcional, una forma muy adecuada de insertar la historia original en otra donde se deja en claro además el objetivo principal del filme: el de que la historia perdure en más generaciones. Las ilustraciones animadas diferencian claramente una historia de la otra y cuando sucede la descripción de lo plasmado en las páginas es absolutamente conmovedor, debo confesar que fue inevitable no soltar la lagrimita (y muchos más en la sala de cine el llanto) al ver con vida a nuestro Principito, todos los adjetivos que cualquier apasionado seguidor hubiera colocado en su imaginación estaban ahí, vertidos en un pequeño rubio de ojos pequeños y vestimenta verde al lado del aviador que lo encuentra en el desierto. La voz en inglés del pequeño es enternecedora hasta los huesos. Las transiciones entre una historia y la otra son muy bien logradas y sobre todo, un recurso básico que es difícil de lograr y que marca el ritmo, afina emociones y destapa corazones, fue la música. En armonía perfecta con la imagen y sentimientos que se exploran dentro de la historia. A título personal, me parece una película magnífica, sobre todo en términos de transportación de la esencia que Antoine plasmó hace más de 50 años en las páginas. Definitivamente volví a verla, pues me faltaron las versiones en francés, español y en 3D. Muy recomendable para toda la familia y sobre todo, para adultos, pues toca fibras sensibles al respecto de quienes somos como adultos. Una experiencia muy reconfortante ha sido para mí, justo a mi regreso de París, donde tuve a bien de visitar también la boutique oficial para comprar algunos souvenirs. De corazón que, si tiene oportunidad vaya a ver la película, si tiene niños pequeños ya sean hijos, sobrinos, vecinitos o lo que sea, vayan a verla para que no se pierda tan extraordinaria historia sobre los valores básicos de la humanidad. Para despedirme, les cito mi parte favorita del libro refiriéndose a la despedida de un ser amado: Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas (estrellas), como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír! Y bueno, recordar que “On ne voit bien qu’avec le cœur; l’essentiel est invisible pour les yeux” – Solo se ve bien con el corazón, lo esencial queda oculto a los ojos. À bientôt!