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Un problema Maduro

  • Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

Venezuela vive desde hace más de diez años una tragedia, la peor era por la que ha pasado. Enfrentó repetidas dictaduras a lo largo de su historia y de todas se libró prácticamente sin violencia, pero cuando se hartó de la corrupción en 1998 después de medio siglo de vivir una democracia activa entró en terreno desconocido. A pesar de alternancias pacíficas, tanto la política como los partidos perdieron la confianza ciudadana.

En la segunda mitad del siglo XX Venezuela se distinguió del resto de los países latinoamericanos por su democracia. Sin golpes de Estado como Chile y Argentina o guerras civiles como Colombia y Perú, su activa vida parlamentaria fue modelo para los países del área y ejemplo de participación política en un sistema de partidos. Impulsor de diversos organismos multilaterales, promovió la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con enorme éxito.

Pero el oro negro fue su perdición. Los gobernantes de Venezuela lo desperdiciaron en vez de usarlo para el desarrollo. A falta de garantizar educación y salud para todos o una infraestructura moderna como lo hicieron muchos países árabes, el dinero del petróleo se empleó en subsidios. Ciertamente ofrecieron a la población diversos bienes y gasolinas a precios ínfimos, pero dejaron de construir un mejor futuro para el país caribeño.

En 1998 hizo crisis la democracia venezolana: llegó al poder quien encabezara un intento de golpe de Estado seis años antes. Con un programa populista, el comandante Hugo Chávez impulsó aún más subsidios y regulaciones que hicieron disminuir la producción agrícola e industrial. Escasearon alimentos, medicinas y bienes de consumo en todo el país, la inflación se desató y aumentó la mortalidad infantil. Muchos jóvenes, y familias enteras, salieron del país para buscar nuevos horizontes.

Chávez no pudo concluir su proyecto de la Revolución Bolivariana porque la muerte lo sorprendió con un cáncer terminal. Hace tres años Nicolás Maduro heredó el poder para continuar con la Revolución, pero sin tener el carisma ni las habilidades verbales de su maestro. Por ello, en sus años como Presidente ha enfrentado una oposición creciente y ve que el país se desbarata en sus manos. Su falta de capacidad verbal la compensó con medidas autoritarias que fastidiaron aún a más sectores de la población. Quienes decidieron quedarse en Venezuela fortalecieron a la oposición hasta superar electoralmente al chavismo, y darle el control del Congreso.

La huelga general para enfrentar la resistencia del régimen para que se realice un referéndum sobre la permanencia de Maduro logró que varios millones de venezolanos salieran a las calles. Exigen una salida legal a los artilugios del grupo gobernante para no enfrentar la revocación de mandato. Desean poder llevar una vida aceptable en el lugar donde nacieron. No buscan privilegios, quieren vivir sin corrupción, y con libertad.

En México debemos aprender del ejemplo venezolano para combatir la corrupción con ética y transparencia, en vez de esperar a que un populismo demagógico desbanque a los políticos para llevarnos al caos.
daaiadpd@hotmail.com