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Un rector de excelencia | Numerados | Camilo Kawage Vera

  • Camilo Kawage

1.-Al término de dos exitosos periodos al frente de la Universidad Nacional, se despide el Rector Narro en hombros y vuelta al ruedo. Pocos en su posición han salido con esa categoría de reconocimiento generalizado y lo merece en más de un sentido, pues posee los arrestos de hombre íntegro, educador ejemplar, líder sensible, médico pulsador del entorno social y dirigente non de un mundo singular que es ese trepidante corazón de México, la otra vez Máxima Casa de Estudios, y que ha sabido incrementar sus positivos a la dimensión del país que queremos, dar cátedra de excelencia y abrir brecha a varias generaciones de jóvenes que, de nueva cuenta, podrán tener en su alma mater el escalón de movilidad social que ha escrito la historia de México en un siglo.

2.- El Rector que hace su supermercado ha logrado mantener un orden en la UNAM como se ha visto poco en los últimos 50 años. Con un agudísimo tacto político, y a plena luz del día, ha conducido las inquietudes, serenado las pasiones y encauzado los radicalismos de la juventud universitaria por carriles de civilidad, entusiasmo y ganas de construir generaciones de hombres y mujeres de bien; profesionistas de alta competitividad para un mercado cada vez más demandante, y jefes de familia que hagan honor a su categoría de mexicanos de bien, con un elevado sentido de un ingrediente que parece escasear en nuestro día: el honor.

3.- Pocos centros de educación superior en el mundo cuentan con la diversidad de facultades que tiene nuestra Universidad. Ciento 15 carreras, que se imparten tanto en Ciudad Universitaria como en 31 planteles en todo el país, brindan a los jóvenes de México la posibilidad concreta de forjarse un futuro profesional en la disciplina que les otorga la realización plena del ser humano, al fomentar el respeto a sí mismo, dignificar la actividad, progresar en lo individual para en verdad tensar el tejido social que se nos ha debilitado, nos opaca el presente y nos obnubila el futuro.

4.- Acrecer la calidad educativa en una comunidad de más de 340 mil integrantes ni se dice fácil ni ha de resultar mérito menor. Las cifras son asombrosas: 28 mil estudiantes de posgrado; la plantilla docente cuenta con 38 mil profesores de los que cerca de 12 mil son de tiempo completo; opera asimismo el Observatorio Meteorológico Nacional y el Servicio Sismológico; la Biblioteca Nacional y la Hemeroteca. Y a la cabeza de la pirámide de ese laboratorio social, núcleo de la ciencia, almácigo de la excelencia y también panal de porros tripulados en la oscuridad del día, está el Rector que sale por la puerta grande desde su despacho del sexto piso de la torre donde observa.

5.- A la gobernabilidad de la casa del conocimiento del Derecho, la ciencia, la investigación  y las humanidades; la cultura y el refinamiento de las artes y de todos los talentos del ser humano, el galeno Narro añade la salud financiera de una de las instituciones más sólidas de México. Si los números de arriba sorprenden, toda esa labor se lleva a cabo con 37 mil 800 millones de pesos al año. Eso se llama pulcritud en el servicio público, y deja una huella que su sucesor, el tercer médico al hilo, tendrá que recorrer con cirugía láser para equiparar. Ése es el tamaño de la sencillez de José Narro.

6.- Siempre se ha dicho que el jefe del Ejecutivo, cuando recibe por la mañana el reporte de seguridad en el país, busca el informe de la UNAM. Si como amanece la Universidad estuviera México mañana, que entrega Narro su oficina, es predecible que la carrera pública de este funcionario ejemplar no termine ahí. ¡Goya!

camilo@kawage.com