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Un ruidoso silencio / Pedro Peñaloza

  • Pedro Peñaloza

No es la resignación en la que nos afirmamos, sino en la rebeldía frente a las injusticias

Paulo Freire

1. Topo Chico: la punta del iceberg. 49 personas asesinadas en una cárcel mal administrada y espacio de impunidades complicidades y corrupción. Un grupo de prisioneros que se apoderaron de la vida cotidiana del espacio carcelario. Un gobernador hablantín, dicharachero, pero inocultablemente torpe e irresponsable que se sentó en una nueva silla del poder y lo único que hizo fue dar discursos para los reflectores; personaje atrapado entre la ignorancia y los sueños de grandeza. Frente a ello, días después Peña Nieto anuncia, con esa espectacularidad, de quien vende bolas de humo, que “habrá una reforma al sistema penitenciario”. No puede decir más, las prácticas de sus políticas públicas lo enredan y lo exhiben ¿cómo se puede disminuir la sobrepoblación penitenciaria y mejorar las condiciones de los penales, si la única preocupación que se tiene en la clase política dominante es llevar al mayor número de personas a la cárcel, como un elemento insustituible e infaltable para, para la legitimación y la dominación política.

2. Gobiernos diplomáticamente sordos. En febrero de 2012, el Gobierno peñista reconoció que entre 2016 y 2012 se había denunciado la desaparición de más de 26 mil personas, advierte el informe “Panorama de los Derechos Humanos en México” realizado por Amnistía Internacional (AI), en 2013; dicho documento detalla que un número indeterminado de esas desapariciones eran desapariciones forzadas. Asimismo, se menciona que entre los años 2006 y 2012 hubo 7 mil 441 denuncias de abusos cometidos por las fuerzas armadas; sin embargo, sólo 27 de esas denuncias concluyeron con la condena de personal militar, en todos los casos bajo la jurisdicción militar. También, un elemento central que se vive en México es el de las violaciones a derechos humanos en los centros penitenciarios, en los cuales, concluye el informe, “la mayoría de las personas detenidas no han cometido crímenes peligrosos, su delito es ser pobre”. Para entender la inconsistencia de los discursos oficiales, habría que recordar que el Gobierno actual se comprometió para marzo de 2014 responder formalmente acerca de las 176 recomendaciones que desde 2013 había planteado el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, es más, Peña como candidato presidencial dijo a AI que asumía “el pleno compromiso de implementar políticas y acciones que erradiquen cualquier acto de tortura. Sin embargo, la tortura y los malos tratos se han reproducido y abundan en la nueva administración priísta.

3. El arraigo: un ejemplo de violación a los derechos humanos. Cualquier discurso que se emita desde las esferas oficiales reconociendo el respeto a los Derechos Humanos no tiene ningún valor real mientras se mantenga el arraigo, instrumento que socava el debido proceso y la presunción de inocencia. De nada han valido las repetidas recomendaciones de mecanismos internacionales de Derechos Humanos para abolir esa figura. Junto con el arraigo, el otro elemento descriptivo que ha acompañado a gobiernos panistas y priístas, han sido las desapariciones de personas. En 2013 AI, publicó su informe “Enfrentarse a una pesadilla: la desaparición de personas en México” donde expresa la gravedad que viven y han vivido miles de personas.

Epílogo. La constelación de hechos cuestionables y repudiables que dibujan de cuerpo entero a la clase política han resultado crónicas de organismos internacionales y de algunos organismos civiles mexicanos, pero nada más, el silencio ruidoso de estos eventos no ha conmovido lo suficiente la consciencia de millones de mexicanos que permanecen paralizados por el miedo encubierto de sordera.
pedropenaloza@yahoo.com / Twitter: @pedro_penaloz