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¿Un tono coloquial?

  • Raúl Carrancá y Rivas

Después de la abrupta conversación telefónica que tuvieron Trump y el presidente Peña Nieto, en la que aquél le dijo a éste que enviaría soldados a nuestro país para refrenar a los “bad hombres que hay allí”, un alto funcionario de la Casa Blanca manifestó que la misma “tuvo un tono a la ligera (coloquial)”; tono particular de expresión y de estilo que refleja un estado de ánimo bárbaro, primitivo, impetuoso, e incluso belicoso que de ninguna manera se puede considerar de poca monta.

Al contrario, es una amenaza velada, una frase prepotente, una afrenta a México, una clara falta de diplomacia. “El mundo está en problemas, pero vamos a enderezarlo” (ibid.). Confesión expresa de que su país es el dueño del mundo. ¿Qué hacer al respecto? La soberanía tiene dos caras, una material, objetiva, y otra moral, espiritual y, por supuesto, jurídica. Frente a las palabras bárbaras y dislocadas de Trump no debemos armarnos y esperar el golpe, sino recurrir, primero, a un organismo internacional que él por cierto desprecia (¡otra señal de su bárbaro juicio!): la ONU. Aunque él la descalifique y desacredite, atacándola, se trata de la mayor organización internacional existente. Se la ha definido como una asociación de Gobierno global para plantear y resolver asuntos relacionados con el Derecho Internacional, la paz y seguridad internacionales, el desarrollo económico y social y los derechos humanos, destacando entre sus dependencias la Corte Internacional de Justicia donde México cuenta con un juez. ¿Por qué no denunciar ante la Organización de las Naciones Unidas, para luego ir a la Corte Internacional de Justicia, esa conversación telefónica que tanta polémica y dudas mal disimuladas despierta? Se ha querido ocultar o minimizar lo evidente, pero The Associated Press ha hecho público lo siguiente: “Tienen muchos bad hombres allí. No están haciendo lo suficiente para detenerlos. Creo que su ejército está asustado. El nuestro no, así que podría enviarlo para que se haga cargo” (Trump a Peña Nieto). ¿Tono coloquial? ¿Para qué darle tanta vuelta dizque diplomática, “prudente”, cautelosa, a la verdad? ¿Evadir la verdad, eludirla con astucia, es hacer política y diplomacia? ¿Eso es servir con patriotismo a México, resguardarlo, precaverse, prevenirse? Si así fuera, entonces los más eminentes patricios de la República no merecerían ocupar el sitio que ocupan en la historia. El rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers, dijo hace unos días y a propósito de los momentos por los que atraviesa México: “Estoy absolutamente cierto de que necesitamos mantener la dignidad nacional, la dignidad de nuestra soberanía, y trabajar juntos para hacer de este país lo que debe ser”. Como universitario concuerdo plenamente con él y como abogado, repito, el Gobierno debería denunciar ante la ONU y luego ante la Corte Internacional de Justicia la abrupta conversación telefónica en la que Trump amenazó con irrumpir en la soberanía de México, infringiendo la dignidad nacional. Lo demás es querer tapar la luz del sol con un dedo, lo cual es descaro y desvergüenza encubiertos de mala diplomacia, si no servilismo o traición a los intereses superiores de la patria y a los derechos humanos reconocidos y tutelados por todo el mundo. Y cruzarse de brazos es permitir el posible estallido de una bomba similar a la atómica, cuya furia, por facultad inherente a su cargo, aquél puede de
sencadenar a voluntad propia y cuando lo crea necesario.
@RaulCarranca

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