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Un Trump ciego

  • Catalina Noriega

Cien primeros días de su mandato y pocos logros. Se le aparecieron los jueces y el Congreso a decirle “nones” a sus ocurrencias, así el obcecado residente de la Casa Blanca creyera que tenía margen para manipularlos.

Su popularidad, a la baja y el número de sus tuits, al alza. Temperamental, dice una cosa y luego da marcha atrás. Se queda más fresco que una lechuga frente a sus propias contradicciones, mientras la sociedad se moviliza en protesta por su rechazo  a reconocer el cambio climático, el intento de desaparecer el  Obamacare o su afán por echar fuera a los migrantes.

Hay una realidad que escapa a su vista. Un nuevo mercado impone leyes, que podrían tener serias consecuencias. El estadunidense se decide por las compras en línea y pone en un grave predicamento al comercio establecido.

Las grandes tiendas departamentales reducen su número y desaparecen centros comerciales completos. Lo que empezó por cadenas de venta de artículos electrónicos, como Radio Shack, se extiende a otros productos y las aniquila. Las librerías se esfuman y se sustituyen por las compras en línea, ya sea en papel o en los de moda, lectores electrónicos.

Amazon consiguió modificar costumbres. El ir a los malls (centros comerciales) era un hábito. Todavía se ven grupos de adolescentes, que van en plan de ligue con los compañeritos de clase. La combinación de espacios de comida rápida con tiendas de todo tipo de productos era gran atractivo.

El gigante de las ventas en línea logró el milagro de modificar la mentalidad. La eficiencia en las entregas y la posibilidad de las devoluciones, favoreció la nueva práctica, que crece como las esporas. Otros empresarios empezaron a copiar el modelo y ahora se puede adquirir lo inimaginable.

Impresiona llegar a algunos de estos otrora espectaculares centros y encontrarse montones de locales vacíos. De un día a otro cambia el panorama y tiendas como The Limit cierran sus puertas, en todo Estados Unidos.

Departamentales, como la tan conocida Macy’s, planea transformarse en outlet (tiendas de descuento). Es notoria la reducción de marcas y, sobre todo, las de más precio ya no se encuentran en sus estantes.

La mercancía se atiborra en enormes colgadores y es difícil hallar lo que se busca, salvo que seas la típica caza gangas, habilidosa para dar con “tesoros” de bajo costo.

Más difícil dar con un empleado que te atienda y te cobre. Impresiona la reducción de personal y los pocos dependientes tienen grandes cargas de trabajo. Los ves trasladarse, a toda velocidad, a lo que deben ser las bodegas y salir empujando carritos llenos de mercancía que colocan en los vastos colgadores, a tope.

Los comerciantes que intentan sobrevivir al cambio de mentalidad, optan por combinar las dos formas de venta: en línea y en sus propias tiendas. Walmart lo hace con éxito y otras empresas intentan la misma vía, antes que perder sus negocios como tantos otros.

¿Y las personas que pierden el empleo? Muchas de ellas trabajaban por horas o medio tiempo. Engrosan las cifras del desempleo que, de continuar con esta tendencia, podría crecer en forma desmesurada. Se pierden fuentes de trabajo, cuando el señor Trump declara que se “crearán millones nuevos”.

Innovar es la palabra y no siempre está detrás de muchos de los que tenían negocios productivos y quedaron fuera por el cambio. Ya sabemos: si a los del norte les da catarro, a nosotros, pulmonía y con un señor Trump ciego a muchas de las realidades de su país, la debacle podría estar cerca.
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