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¿Una alianza opositora en México?

  • Aram Barra

En la historia política, el poder siempre ha sido la habilidad de hacer las cosas. La política, la habilidad de decidir cómo hacer las cosas. El día de hoy, el matrimonio entre poder y política se ha desvanecido.

Quienes hoy deciden cómo hacer las cosas -los políticos– han traicionado la confianza de los ciudadanos. Han abusado del dinero público, han convertido la política en el negocio más pudoroso de nuestra sociedad. El Estado de derecho languidece, desfondando cualquier posibilidad de gobernanza y, por lo tanto, de transformación social por la vía democrática.

En los partidos políticos, el timón está secuestrado por cúpulas políticas, e incluso por corporativos privados. Los políticos de siempre toman decisiones incentivadas por intereses particulares y de grupo relegando el interés público nacional.

Pero los partidos políticos son necesarios en nuestro sistema político. Su institucionalidad, construida sobre la base de valores y principios, debe ser definida por una agenda programática que otorgue a los ciudadanos la certeza del objetivo del voto democrático.

Ante el descontento general de los ciudadanos, ante la imposibilidad de los políticos de siempre para responder a las demandas de la sociedad, nuestros partidos siguen llenos de políticos de vieja guardia. Para que los partidos funcionen en el sistema actual, se deben abrir de dentro hacia fuera. Permitiéndose nuevas narrativas y ofreciendo el poder a nuevos cuadros.

La llamada crisis de representatividad de los partidos no es ni novedosa, ni endémica de México. La irrupción de Podemos, en España, es un producto del mismo síntoma en el viejo mundo. El acometimiento de Gabriel Boric, Giorgio Jackson y muchos otros líderes estudiantiles en Chile es apenas un ejemplo desde el sur del hemisferio.

En Brasil, grupos de ciudadanos han optado por organizarse para resolver los principales problemas de Sao Paulo y Río de Janeiro. Hoy luchan para crear mecanismos de acceso al poder por la vía independiente. En medio de la crisis de narrativas frescas que ilusionen al votante, en Colombia, tras una “ola verde” trunca con Juan Manuel Santos, emociona la posibilidad de un candidato independiente con “perfil ciudadano” como Sergio Fajardo.

El éxito mismo de Pedro Kumamoto en Jalisco, México, se basa en retar la práctica política para poner como prioridad lo que importa a los ciudadanos, en congruencia con su propuesta electoral. Devolver al centro de la agenda la importancia de acceder al poder para transformar con un agenda en manoy no aferrarse a él. Cumplir con el valor de la palabra y ofrecer transparencia y rendición de cuentas.

Ninguna alianza por sí misma ha demostrado ser suficiente para desmantelar el clientelismo, la impunidad o la corrupción. La clave del éxito, por lo tanto, yace justamente en la habilidad de los políticos de privilegiar las propuestas para lograr responder a las demandas, antes de generar acuerdos políticos de auto-preservación. Establecer un plan de ruta antes de emprender el viaje.

Acostumbrados a la improvisación, los partidos políticos de oposición nos piden hoy pragmatismo antes de ofrecernos un compromiso absoluto con los problemas que más nos aquejan. Dejen atrás los largos eventos protocolarios con los políticos de siempre, anquilosados y desgastados, todos hombres canosos. Llenen hoy sus foros de nuevas voces y propuestas, de ideas diversas que enriquezcan nuestro debate público y que nos emocionen a todos los ciudadanos a participar en nuestra propia transformación. Entonces pensemos en alianzas o coaliciones electorales.

Cofundador de Nosotrxs

@NosotrxsMX