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Una Constitución para la Ciudad de México / Así es el Derecho / Élfego Bautista Pardo

  • Élfego Bautista

Al parecer, en los últimos días los temas más relevantes para el mundo jurídico y político son los que derivan de la reforma constitucional que convirtió al Distrito Federal en la Ciudad de México, el contenido de ésta y sus consecuencias, específicamente lo relativo a la redacción de una Constitución Política que organice las funciones del poder al interior de la capital del país.

Las opiniones al respecto son divididas, hay quienes consideran que dicha Constitución existe desde 1993, cuando se incluyó en el Artículo 122 de nuestra Carta Magna la organización política del entonces Distrito Federal, reconociéndose la existencia de sus tres poderes, como lo ha expresado el maestro Raúl González Schmal; y quienes, como el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, ven en su redacción la oportunidad de crear una Constitución de vanguardia en materia de derechos sociales y participación ciudadana.

Mediante la redacción de dicha Constitución se intenta aproximar el estatus jurídico político de la Ciudad de México al de los demás estados, aunque claramente la Ley Suprema de la Federación haga una distinción al respecto, pues establece que la Ciudad de México no es un Estado y no cuenta con soberanía, sino con autonomía; aunque pareciera una simple confusión de conceptos y la soberanía en los estados federados siempre va a ser cuestionada por estar subordinada a una Constitución federal, la realidad es que la Norma Fundamental Federal establece claramente la distinción entre los estados con soberanía y la Ciudad de México con simple autonomía.

Independientemente de los cuestionamientos, la Constitución de la Ciudad de México será una realidad, y la convocatoria para la conformación de la Asamblea Constituyente que le dé vida fue emitida el pasado cinco de febrero por el Instituto Nacional Electoral, por lo que considero necesario que sepamos qué es una Constitución y cómo se integra.

Debemos saber que una Constitución es más que un listado de derechos y deberes para los ciudadanos, así como lineamientos para las instituciones de poder público, pues mediante ella se organiza el poder político de un Estado y en sus preceptos se refleja la suma de los factores reales de poder (Lasalle), lo que motiva que se erija en la Norma Suprema.

Toda vez que nos encontramos en un Estado Democrático de Derecho basado en la soberanía popular, el factor real de poder determinante debería encontrarse en el pueblo, por lo que es menester que la totalidad de la población se encuentre representada en la Asamblea que crea una Constitución, la cual comúnmente se denomina poder constituyente.

El poder constituyente es la voluntad política, cuyo poder o autoridad está en condiciones de tomar la decisión unitaria concreta sobre el modo y la forma de su propia existencia, esto es, determinar la unidad política en su totalidad, es decir, estipulará las estructuras e instituciones políticas mediante las cuales sea ejercido el poder de un Estado y las bases teórico dogmáticas que las rijan, siendo que el poder constituyente tiene una sola finalidad: la creación de una Constitución.

En el caso de la Constitución de nuestra entidad, deberá ser redactada conforme a lo establecido en el Artículo 122 de la Constitución federal, por una Asamblea Constituyente, la cual será integrada por 100 miembros: 14 senadores, 14 diputados, seis designados por el Presidente de la República, seis por el Jefe de Gobierno, y 60 elegidos por el principio de representación proporcional, mediante una lista votada en una sola circunscripción territorial; estos 60 serán postulados por partidos políticos y también mediante la figura de candidatos independientes. Esta elección costará aproximadamente más de 182 millones de pesos.

Más allá de las dudas o críticas, es necesario que todos los sectores poblacionales de la capital del país sean representados en dicha Asamblea Constituyente, sin limitarse a los partidos políticos o a los renombrados estudiosos del Derecho Constitucional, para que la nueva Constitución sea realmente democrática e incluyente, un reflejo del pueblo de la Ciudad de México.

Así es el Derecho