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¿Una embajadora de EU en México? / En Cantera y Plata / Claudia S. Corichi

  • Claudia Corichi

Han sido poco más de tres meses los que la Embajada de los Estados Unidos en México ha permanecido acéfala, desde que Anthony Wayne y su breve y desangelado paso por el país acabó. En el perenne silencio ha ocurrido de todo, desde la aún increíble fuga de “El Chapo” hasta la caída del peso mexicano, la formalización del TPP, el recorte de recursos a la Iniciativa Mérida, hechos que reflejan la intensa y demandante relación de nuestro país con el Gobierno de Washington.

Ha sido la subsecretaria de Estado para el hemisferio occidental, Roberta Jacobson, quien representó la mejor apuesta para Obama, después de que las prácticas dilatorias -encabezas por el senador Marco Rubio- terminaran con la posibilidad de que María Echaveste pasará a la historia como la primera embajadora de EU en México el año pasado, cuando los republicanos ganaron la mayoría en el Senado. Hoy, en el marco de una posible Presidencia de Hillary Clinton, Jacobson podría tener ese lugar en los libros.

Roberta, quien sí ha sido la primera mujer en jurar como secretaria de Estado adjunta para el hemisferio occidental, tiene, hoy, bajo su responsabilidad a más de 10 mil diplomáticos en 34 países del hemisferio y cuenta con poco más de 25 años de experiencia en el servicio exterior estadunidense. Entre sus credenciales destacan ser maestra en derecho y diplomacia por la Escuela Fletcher de Leyes y Diplomacia, con énfasis en las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica y desarrollo político, así como el ser autora de artículos sobre “El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer” y “la Teología de la Liberación como Ideología Revolucionaria”, que demuestran su enfoque y visión progresista en la política exterior.

Fue nada menos que ella quien negoció la Iniciativa Mérida y a quien se le atribuye el restablecimiento de relaciones formales con Cuba, hecho que -al igual que la candidata predecesora- ha dilatado su ratificación en el Senado, toda vez que el republicano Rubio cuenta con una clara agenda camino a la candidatura presidencial de su partido, que tiene en el centro una oposición a las políticas migratorias y de conciliación que ha adoptado el Gobierno de Obama.

Incluso el diario estadunidense The New York Times, en uno de sus editoriales señalaba que “la relación con México es una de las más importantes y en este momento, una de las más espinosas”, por lo que se demandaba confirmar la nominación de Roberta Jacobson en México.

Jacobson no es solo una capaz candidata para cubrir un puesto tan estratégico, sino que representa toda una nueva imagen y visión de la política exterior de la Casa Blanca hacia México. Si el Senado ha bloqueado su ratificación es justamente porque simboliza un cambio de paradigmas. De ser aprobada por el Comité, la nominación será turnada para un nuevo voto en el Pleno del Senado, donde será visible la voluntad republicana.

Obama tiene como última de sus cartas hacer uso de una de sus facultades constitucionales -por cierto, acotada el año pasado por la Suprema Corte-, el llamado recess appointment que le posibilita nominar a un embajador sin que el Senado tenga que aprobarlo durante el receso legislativo; aunque en vísperas del año electoral 2016, podría no resultar siendo la mejor jugada.

Si bien la lista de ratificaciones pendientes en el Senado estadunidense es larga –más de 30- y tiene una clara agenda política, lo cierto es que la Cancillería mexicana debe poner atención a esta ratificación, justamente porque la reducción de recursos a la Iniciativa Mérida provino de una profunda preocupación sobre los abusos a los derechos humanos cometidos por las fuerzas de seguridad y de un interés por acabar con la cultura de impunidad que reina en el país.

En tiempos donde la paridad es cada vez más importante en nuestro país y hay un número inédito de mujeres en el Congreso, sería bueno recibir a la primera embajadora mujer de Estados Unidos en México. A la par, existen temas puntiagudos en la agenda bilateral que exigen atención determinante y, esperemos, una nueva era de la diplomacia de la Embajada de Estados Unidos en nuestro país.