imagotipo

Una mirada a la narrativa para la infancia y la juventud | Bazar de la cultura | Juan Amael Vizzuett Olvera

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

La niñez y la juventud de hoy disfrutan la lectura tanto como las de otras épocas. Las nuevas tecnologías cine, radio, televisión, internet siempre han coexistido con las ediciones impresas tradicionales. La participación de más de 24 mil trabajos en el Noveno Concurso Norma de Literatura Infantil y Juvenil demostró que desde el nivel preescolar hasta el bachillerato, las generaciones actuales aprecian la experiencia de leer.  La convocatoria se basó en la realización de una obra a partir de la lectura de cada título asignado, conforme a las diferentes edades y grados de quienes concursaron; desde dibujos y dioramas, hasta videos. Los premios incluyeron libros, estuches de materiales artísticos, relojes inteligentes, bicicletas, triciclos para el nivel preescolar, tabletas, pantallas y monederos electrónicos. Los autores de los libros que se asignaron al certamen se encargaron de entregar los reconocimientos.

El acto en el que se premió a 55 participantes se llevó a cabo en el Museo Soumaya y dio ocasión para reflexionar acerca de la literatura para las primeras etapas de la vida, las que forman la sensibilidad y arraigan para siempre la vocación lectora.

En México, las obras infantiles y juveniles más conocidas son las de origen anglosajón, en gran parte por sus numerosas adaptaciones para las pantallas. Entre ellas se cuentan “El jardín secreto” y “La princesita”, de Frances Eliza Hodgson Burnett; “Alicia en el país de las maravillas”, de Lewis Carroll; “El maravilloso Mago de Oz”, de Lyman Frank Baum; la saga “El Señor de los Anillos”, de John Ronald Reuel Tolkien; la exitosísima serie “Harry Potter”, de Joanne K. Rowling; las andanzas de Tom Sawyer y Huck Finn, de Mark Twain; “El Conejo Peter”, de Helen Beatrix Potter y varias más. De otras tradiciones han destacado los cuentos del danés Andersen y sobre todo los aventureros mundos del francés Julio Verne y el italiano Emilio Salgari.

Algunos narradores no tan célebres

Tal vez la narración latinoamericana más reconocida sobre la infancia sea “Mi planta de naranja-lima”, del escritor carioca José Mauro de Vasconcelos, una novela autobiográfica que se adentra en la mente y las emociones de su protagonista Zezé, quien con apenas cinco años está dotado de gran sensibilidad e imaginación. Pero Zezé diariamente tiene que lidiar con la miseria y sus consecuencias para la áspera convivencia familiar. Con su despierta conciencia infantil, Zezé reflexiona sobre la fábrica de Bangú, su barrio en Río de Janeiro: “No me gustaba la fábrica. Su sirena triste en las mañanas se hacía más desagradable a las cinco de la tarde. La fábrica era un dragón que devoraba gente todo el día y vomitaba a su personal de noche, muy cansado”. La realidad que arrostra Zezé es prácticamente la misma de México y otras naciones del subcontinente.

Por caminos muy distintos, nació Arnie, la exploradora de nueve años que se sumerge con su equipo de buceo en las aguas de Oceanía. La artista e ilustradora belga Nadine Forster formó equipo con su compatriota, el escritor y documentalista Pierre Levie, coautor de “La gran barrera de coral” (1969) para crear las aventuras de Arnie. La curiosidad, la valentía y la agudeza son las armas de Arnie. Sus andanzas divertidas e impredecibles ayudaron a divulgar el conocimiento sobre la fauna marina y se alejaron de las fórmulas de la vieja narrativa infantil. “La isla de Arnie”, “Los amigos de Arnie”, “Arnie y la tortuga azul”, “Arnie y los buscadores de conchas”, se volvieron clásicos de la nueva narrativa para la niñez.

“El pequeño Nicolás”, del parisino René Goscinny (1926-1977) y de Jean-Jacques Sempé (Burdeos, 1932) se considera justamente un precursor de la literatura infantil verdaderamente moderna, muy lejana, ya de aquélla narrativa moralista que satirizaba Mark Twain, y que molestaba a tanto a Alfonso Reyes.

 “EL PEQUEÑO Nicolás”, de Goscinny y Sampé.

“EL PEQUEÑO Nicolás”, de Goscinny y Sampé.

Goscinny fue uno de los grandes talentos de la historieta mundial. El parisiense fue coautor junto al dibujante belga Morris, de “Lucky Luke”, el vaquero más rápido del oeste, un homenaje paródico y divertido a los clásicos del género; más tarde, junto con Uderzo, Goscinny creó al popularísimo “Astérix”, el diminuto guerrero galo que mantiene a raya a las legiones romanas.

Los autores de “El pequeño Nicolás” se olvidaron de las moralejas y los ejemplos “edificantes”; en vez de ello dejaron que sus personajes infantiles actuaran con toda su espontaneidad, a la vez aguda y candorosa, lo que les lleva a meterse en los líos más divertidos e insólitos, a menudo por su interpretación ingenua de los actos adultos. Así, las andanzas del pequeño Nicolás y su pandilla, ponen en evidencia las actitudes absurdas de las personas mayores. Éstas no son dechados de sabiduría, son bastante falibles y a menudo involuntariamente cómicas.

VERSIÓN FÍLMICA del pequeño Nicolás.

VERSIÓN FÍLMICA del pequeño Nicolás.

“El pequeño Nicolás” contrasta con las obras para la adolescencia y la juventud de Louise Noëlle Lavolle, pseudónimo de Héléne Chaulec (1914). En 1959, Lavolle ganó el premio “Enfance du Monde” y en 1960 el Gran Premio del Salón de la Infancia por “Les clés du désert”. Los títulos de sus obras son promesas de aventuras en tierras lejanas, que expresan la vida trashumante de Lavolle: “El rehén de Roma”, “Aventuras sobre el Nilo”, “La puerta de jade”, “El acróbata de Minos”, “La isla que nació del mar”, “Las perlas de Cleopatra”, “Nathie en Irán”, “Las hechiceras de la mar”, “La esmeralda del gran Mogol”. Entre las pocas obras de Noëlle Lavolle que se pueden conseguir en español se cuentan “El estanque perdido” (1960), una novela precursora en la defensa del medio ambiente y “Nicolo y el lagarto azul” (1959), libro ganador del Premio Europeo “Citta de Caorie”. Nicolo tiene que luchar desde muy temprano contra la pobreza, pero no lo hace con una visión individualista, sino en solidaridad con las personas que conoce en sus andanzas.

Anne Pierjean (1921-2003) nació en el pequeño pueblo de Saint-Avit, en la provincia francesa del Delfinado. En español “Los grumetes de la galera” publicó “Paul y Louïse” (1986). Esta novela costumbrista describe la vida campesina en la región a fines del siglo XIX y comienzos del XX, a través del idilio de los protagonistas, que se conocen en la niñez y que deben padecer la Gran Guerra de 1914. La novela se dirige al sector que está por adentrarse en la adolescencia. La autora no evade los sinsabores que la juventud se va encontrando conforme transcurre el tiempo. Las situaciones que en la infancia parecían terribles adquieren su verdadera dimensión; llegan los duelos, las faenas extenuantes, las responsabilidades, el amor y la guerra.

Como podemos constar, en nuestro país hay muchas lecturas pendientes de descubrir.

– Autoría mexicana

En el Noveno Concurso de Literatura Infantil y Juvenil, las narraciones fueron de autoría mexicana. Para preescolar, se leyeron las obras “Cu Canguro”, de Gabriela Keselman y “Lili nieta, Lulú abuela”, de Ignacio Casas; para la categoría de primaria se leyó “Salomón dos”, de Ramón García, “Yo soy yo”, de Gabriela Peyrón, “Querida autora”, de Cecilia Pisos, “Domingo Teporingo”, de Marcos Almada, “Max el terrible”, de Jaime Alfonso Sandoval, así como la antología “Otras siete habitaciones a oscuras”, con relatos de Gabriela Aguilera, Mónica Brozón, Antonio y Javier Malpica, Juan Pablo Hernández, Juan Carlos Quezadas y Ana Romero.

PREMIOS PARA la categoría infantil

PREMIOS PARA la categoría infantil

Para las categorías de secundaria y preparatoria, las obras fueron “Sangre de goleador”, de Padro Badrán, “Sombras de nadie”, de Alfredo Ruiz, “La mosca”, de Gemma Pasqual, “El corazón de Voltaire”, de Luis López Nieves, “Oki, tripulante de terremoto”, de Juan Carlos Quezadas, así como “Travesías. Catorce inmigrantes en México”, de Norma y Eva Muñoz.

GANADORES DE la categoría juvenil.

GANADORES DE la categoría juvenil.

En el certamen tomaron parte más de 100 escuelas, de Aguascalientes, Coahuila, Estado de México, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nuevo León, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Veracruz y la Ciudad de México.

Hubo reconocimientos especiales para el profesorado y las direcciones escolares; junto a los autores, participaron en la premiación el director general de la editorial convocante, Fabio Forero, además de Lorenzo Estandía, Patricia Bárcenas y
Verónica Reyes.

/arm