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Una mirada al XXXVI Foro de la Cineteca

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

No hay una verdadera ciudad en “Te prometo anarquía” (México-Alemania, 2015), quinto largometraje de Julio Hernández, lo que hay es un laberinto. Sus personajes vagan por las intrincadas callejuelas del siglo XXI sobre patinetas, vagones del metro o camiones de redilas, sin que pretendan llegar a ninguna parte, hasta que un mal día se encuentran a su propio Minotauro. Esta película abrió el XXXVI Foro Internacional de la Cineteca Nacional y próximamente comenzará su recorrido en las salas.

Julio Hernández ha comentado que le gusta mucho el cine negro clásico y que su propia obra guarda contactos con aquella vertiente. En efecto, “Te prometo anarquía”, es en gran parte una película sobre el hampa contemporánea, con sus negocios sucios, sus servidores, sus instrumentos y sus traiciones. También como sucede en el cine negro, el director elige a unos protagonistas y explora los vínculos que los mantienen, más que unidos, encadenados mutuamente.
CELOS, ENGAÑOS Y TRAICIONES

El cineasta afirma que entre los protagonistas existe un amor, al igual que en tantas películas de la vertiente que admira, y que este amor desemboca en la fatalidad. Sin embargo, en “Te prometo anarquía” sucede lo que en “La mujer de mi pasado” (Estados Unidos, 1947), de Jaques Tourneur, “Maldita mujer” (Estados Unidos, 1947), de John Cromwelly particularmente en “Pacto de sangre” (Estados Unidos, 1944), de Billy Wilder: no hay precisamente un amor, sino una pasión. El crítico Raúl Liébana en “El espectador imaginario”, comenta: “Hay una dependencia mutua envenenada. Los personajes se hacen daño, pero continúan juntos. Surge, por tanto, constantemente, la necesidad de desprenderse el uno del otro, lo que siempre terminan negando sus protagonistas”, http://www.elespectadorimaginario.com/te-prometo-anarquia/

Lo que hay entre los protagonistas es más bien una simbiosis, con sus ingredientes de agresiones psicológicas, manipulación, celos, pasión, sarcasmos, rencores, engaños y traiciones. A este respecto cabe citar las palabras de José Luis Sánchez Noriega en “Obras maestras del cine negro” (Ediciones Mensajero, Bilbao, España, 1998, p. 209) a propósito del clásico de Billy Wilder “Pacto de sangre”: “El amor entre Phillis y Walter está condenado al fracaso porque desde el crimen y el engaño no se puede construir una relación que necesita de la autenticidad”.

Como en el neorrealismo, Julio Hernández dirige a un elenco de actores no profesionales, encabezados por los muy jóvenes Diego Calva (Miguel) y Eduardo Martínez (Johnny). Miguel y Johnny (quien pudo haberse llamado Kevin, Brandon, Brian o Brayan, pero nunca Juan, Luis, Julio César ni Pedro) provienen de clases diferentes: Miguel es hijo de una familia adinerada, Johnny, es hijo de la empleada doméstica que trabaja en la casa de Miguel. Ambas familias están rotas. Ninguno de los dos estudia ni trabaja. Son pues, en términos coloquiales, dos “ninis”, que conviven trafican y vagabundean junto a otros “ninis”.

Su vehículo de transporte, su diversión, su instrumento de identidad es la patineta (“skate”), que en su caso no se asocia a las competencias organizadas, sino a un estilo de vida supuestamente “subversivo”, “libre”, “alternativo” o “rebelde”. En cierta forma, sus patinetas son equivalentes irrisorios de las motos que tripulaban los rebeldes sin causa de otros tiempos, como Johnny Strabler (Marlon Brando), en “El salvaje” (Estados Unidos, 1953), de Laslo Benedek.

La película revela que en realidad, ni Miguel ni Johnny son rebeldes ni subversivos, sino simples instrumentos de muy bajo rango en el mundo del hampa, ya que están involucrados en el tráfico de sangre humana. No les interesa que los “ordeñadores” para quienes “trabajan” formen parte del crimen organizado, puesto que después de todo, “Medio México es narco”. “Te prometo anarquía”, sin moralinas, deja ver los efectos de esta práctica en los adolescentes que venden su sangre con frecuencia, así como las cargas patológicas que puede portar el líquido.
APRENDICES DEL HAMPA

El contacto con los traficantes es el paramédico y actor ocasional Gabriel (Gabriel Casanova), quien les propone a los jóvenes una gran operación, con cincuenta “donantes”, cada uno de los cuales recibirá mil pesos. Este “gran negocio” será el Minotauro del laberinto en que vagan todos los personajes.

La película tiene componentes de documental, en gran parte gracias a su reparto y a los escenarios naturales. Aunque hay quienes hablan de “una película urbana”, el mundo por el que Miguel y Johnny vagabundean no es exactamente “urbano” en el sentido que le dan los urbanistas. Los rascacielos, las grandes avenidas, los palacetes, las damas a la última moda, los centros comerciales, los coches lujosos, las escuelas, las oficinas, todos aquellos elementos de una ciudad moderna –del siglo XX o del siglo XXI– están muy lejos de Miguel, de Johnny, de sus camaradas vendedores de sangre. Nunca aparecen tampoco las fuerzas del orden. El ex Distrito Federal parece un territorio sin urbanismo ni ley, que se asemeja al viejo oeste caótico que recrea Sergio Leone en “Por unos dólares más” (Italia, 1965), un territorio donde la gente pacífica está a merced de las bandas criminales, que pueden irrumpir en un pueblo, cometer su fechoría y escapar impunemente.

Los propios criminales –los verdaderos, no los aprendices que son en realidad Miguel y Johnny– se asemejan mucho a los forajidos andrajosos de Leone; no son como los atildados gángsters genuinamente urbanos (Al Capone, Dillinger, “Borsalino” Siffredi, Frank Nitti, Ben Siegel). Reinan sobre un imperio menesteroso, miserable, donde es posible tentar a la gente para que venda su sangre por mil pesos. Literalmente, como hubiera dicho Leone, “por un puñado de dólares”, 55 dólares y algunos centavos para ser más exactos.

Este exDistrito Federal no es por lo tanto, como la gran ciudad del cine negro clásico; no se parece a la próspera Gulf City de “Maldita mujer”, la pintoresca Marsella de “Borsalino” (Francia 1970), de Jacques Deray, ni a la opulenta Chicago de “Los Intocables” (Estados Unidos 1987), de Brian de Palma.

Los navegantes en patineta de “Te prometo anarquía” son descendientes, sin saberlo, de “Los olvidados” que retrató Luis Buñuel en 1950. Es muy significativo que no aparezcan ni el padre de Miguel ni el de Johnny: en “Los olvidados” tampoco aparecían los respectivos padres de Pedro (Alfonso Mejía), “El Jaibo” (Roberto Cobo) ni Meche (Alma Delia Fuentes). La responsabilidad de la crianza de Miguel y de Johnny, recae en las madres exclusivamente, y por los resultados –hijos involucrados en la delincuencia– parece claro que tanto la madre rica como la pobre quedaron
rebasadas.
OTRAS PELÍCULAS DEL FORO

Entre las películas que se han presentado en el XXXVI Foro, llama la atención “Epitafio” (2015) de los jóvenes realizadores Rubén Imaz y Yulene Oliaizola, con los actores aficionados Carlos Triviño, un mecánico mallorquín, y Martín Román, un guionista valenciano, quienes interpretan a unos conquistadores del ejército de Hernán Cortés, un asunto poco tratado en nuestro cine.

Al respecto, Nelson Carro, Director de Difusión y Programación de la Cineteca Nacional, comentó para esta columna: “No es muy frecuente sobre todo, yo creo, por una razón fundamentalmente económica. Las películas sobre la conquista necesitan en general de mucha producción. Realmente cuando los 500 años se hicieron muchas películas sobre la conquista. En México “Cabeza de Vaca”, se hicieron en Venezuela… pero claro, es un cine que requiere mucha producción, y lo curioso de ‘Epitafio’ es que logra narrar un episodio de la conquista en lo que en términos de ´producción es casi una película de cámara. Ésa es su singularidad, abordar un tema de la conquista sin necesidad de ejércitos y de cantidad de uniformes”.

Acerca de las cintas más recomendable, Carro responde: “Siempre es muy complicada esa pregunta, considerando El foro como el espacio de lo experimental, creo que hay varias películas importantes que no se deben perder, yo diría que casi todas… hay una película que es especialmente para cinéfilos, “Life” (Reino Unido, 2015), de Anton Corbjin, que trata de la sesión fotográfica de James Dean con la revista “Life”, que para el cinéfilo tiene un valor extra: reconocer a todos los que salen en el Hollywood de esa época, quiénes son los actores, el director, la actriz, como una especie de juego. Todas son atractivas, todas son diferentes y cada una tiene su valor y su interés dentro de este foro”.

El Foro culminará en la Cineteca el lunes primero de agosto. A partir del 22 de agosto, llegará a distintas salas ubicadas en otras entidades. Las funciones pueden consultarse en: http://www.cinetecanacional.net/micrositios/foro36/documentos/programacion.pdf