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Una no tan nueva forma de hacer política

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva Posada

La manipulación, la difamación, la abierta mentira, amenazas –veladas o explícitas–, el chantaje, forman parte de un largo listado de artimañas de las que se han valido gobernantes y líderes a lo largo de la historia para conquistar, consolidar y ampliar su poder. La gran diferencia respecto de lo que hoy hace Donald Trump a lo que antes se hacía, incluso en su mismo país, es que ahora se dicen y se expresan las “posverdades” y los “datos y hechos alternativos” de forma abierta. Es decir, se acepta y reconoce que se miente, como una forma nueva de gobernar.

Así, nos enteramos de filtraciones de pláticas privadas con otros líderes de países como el primer ministro de Australia y del presidente de México. Ante rumores, las filtraciones de los hipotéticos contenidos solo pudieron tener un origen: la oficina del presidente de Estados Unidos. Y así también, nos hemos enterado de las amenazas lanzadas contra otros gobiernos, además de los insostenibles argumentos para justificar las severas restricciones para la migración, e incluso, los simples y comunes desplazamientos cotidianos por el mundo de miles de personas por motivos laborales, de turismo o de estudio.

Los equipos de los gobiernos, los analistas y observadores nos vamos a seguir equivocando en la percepción e interpretación de las acciones del nuevo Gobierno estadunidense si persistimos en los viejos arquetipos de la diplomacia y política convencionales. Recordemos que Trump es un político que no es, ni le interesa actuar como tal; el llegó a la Presidencia de su país prometiendo ser y actuar diferente. Y lo está cumpliendo. El problema es que al desconocer los límites en el ejercicio del poder, con facilidad está llevando los complejos temas de la agenda al terreno de la animosidad personal. Y en este punto es donde la psicología emerge con fuerza para aportar elementos de análisis que creíamos lejanos, o por lo menos, poco útiles.

Expresar el pensamiento de forma diaria en los 140 caracteres que permite cada mensaje de Twitter denota las limitaciones de quién así escribe, y por lo tanto, razona. Gobernar en “tiempo real” era una posibilidad que habría de convertirse en una realidad, más temprano que tarde. Con Donald Trump hemos llegado al punto de la ansiada transparencia, contacto –cualquier persona en el mundo pude escribirle a @POTUS o a @realDonaldTrump, lo que quiera y como quiera. No es un ejercicio menor de “democratización digital”. Por lo que en los siguientes años tendremos que estar “pegados” a los dispositivos móviles para estar enterados y actualizados sobre cómo, la principal potencia mundial, decide y comunica sus prioridades. Sin embargo, por lo que hace a las características negativas del quehacer político, citadas en el primer párrafo de esta colaboración, persisten en su utilización pero sobre todo, se aplican a sabiendas del peligro que entrañan.

No hay así llamados a sorpresa cuando ya se dijo lo que se iba a hacer o por lo menos, se planteó como la opción más apetecible. Invadir México o lanzar misiles sobre Irán pueden ser propuestas o insinuaciones o filtraciones, pero lo cierto es que el escenario se evidenció como la primera respuesta del presidente Trump. Aunque después vengan las aclaraciones e incluso las justificaciones. Esa es la nueva política, al menos en Estados Unidos.
javierolivaposada@gmail.com