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Una noche en el Svago

  • Ramón Ojeda Mestre

  • Ramón Ojeda Mestre

La competencia gastronómica en el mundo se ha vuelto despiadada, brutal. El mundo del turismo y el de los negocios gira, en mucho, en el ámbito de los restaurantes donde se consolida la felicidad de visitar una ciudad desconocida, volver a un sitio añorado o acudir a arreglar un negocio o una cita familiar o, mejor aún, a un encuentro romántico o de convivencia intelectual o amistosa. Por ello, cada ciudad o pueblo ofrece lo mejor que puede en sitios para cenar, comer, tomar café, almorzar, o tomar un piscolabis.

Va más gente a los restaurantes que a los museos en los grandes sitios de visita como París, aunque hay lugares como Le Procope, de 1686, en la Rue de la Ancienne Comédie, que también son museos en sí, al cual acudían personajes como Voltaire, Rousseau, Marat o Benjamín Franklin. En Donostia-San Sebastián, en el País Vasco, en España, hay que hacer reserva con anticipación en el mejor restaurante del mundo que es el Mugaritz de Andoni Luis Aduriz. Para que no haya lío, de una vez les digo que nuestro predilecto es el restaurante Adonis en Polanco donde desde hace 40 años se degusta la mejor comida árabe o sirio libanesa o como quiera llamarle, sin embargo, creo que fue el opulento Dennis Washington quien me recomendó el restaurante Svago en Los Cabos, Baja California Sur.

Le diré por qué: Svago en italiano, quiere decir diversión, invoca lo lúdico, a pasarla bien, tiene un patio al aire libre cubierto de vides hermosas y antiguas, su horno histórico para lechones o pizzas creativas y en el frente que da a la calle de Vicente Guerrero, donde está el Cabo Wabo de Haggar y Viaña, tiene un asador donde presentan la clásica parrilla tentadora con todo tipo de carnes y cortes que ningún tragón, como usted sabe, se echa para atrás. Y la cava, muy chic con aire acondicionado, tiene vinos buenos desde 100 pesos hasta 100 mil pesos, así como lo oye. Pregúntele al diligente Eduardo Raya o a Carlos Escobell.

No se espante, ni me cuestione precipitadamente, hay vinos buenos muy caros, hay vinos caros muy buenos, hay vinos buenos muy baratos y hay vinos baratos muy malos como usted también sabe, ¿no? Bueno, pues este restaurante acogedor con sus velitas y para un máximo de 80 comensales, se ha hecho famoso porque allí llegan los artistas de cine y los dueños de yates exagerados y allí caí de casualidad con el Rector de la Universidad y acabó convirtiéndose en un debate respecto a si los restaurantes están evolucionando más que los hoteles o no y daban el ejemplo del restaurante Alcaravea o el del Tour d´Argent en París o el del Ganbarra en la parte del casco viejo donostiarra donde cada Pintxo es una creación única, en cambio, los hoteles se quedan pasmados en su realidad de origen. No evolucionan, se engolosinan y solo ven el porcentaje de ocupación.

Tenemos 420 mil sitios para comer en México con una venta total anual de 182 mil 992 millones de pesos según el fatídico INEGI y representan el 13 por ciento del PIB turístico, con un millón 300 mil empleos directos e indirectos de tres millones y medio. Vivimos, a querer o no en la era neoliberal de la competencia y tenemos que actualizarnos e innovar en todos los rubros.

Según los estudios del CEIIT, el Centro de Estudios Integrales de Innovación y el Territorio S.C., uno de cada tres negocios, empresas o instituciones públicas o privadas que no se rediseñaron durante el 2015 quebrarán o estarán en situación declinante en el 2017. De todo ello se habló en el Svago en esa mesa donde había dos ministros y tres súper poderosos de la iniciativa privada. Imagínese y actúe.

rojedamestre@yahoo.com