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Una tras otra

  • Jaime Alcántara

  • Jaime Alcántara Silva
  • Las tareas escolares o, inculcar el hábito de la lectura (II)

 

El conflicto principal en las tareas, es con los padres. Habrá, por supuesto, alumn@s ejemplo, quienes no necesiten de estímulos o exigencias. Pero, creo, la mayoría tienen y tendrán sobre ell@s la vigilancia y, en infinidad de ocasiones, la llamada de atención, el regaño y, hasta, el castigo de los mayores.

En otro sentido, en la escuela, el cumplimiento o la falta de él, se verá reflejado en las calificaciones.

Muchas veces, creo, la mayor carga de trabajo en casa se debe a que el profesor quiere que el alumno sea responsable, repase lo enseñado en clase, adelante con algunas lecturas y aprenda conocimientos nuevos; pero no siempre.

Todos hemos visto algunas de estas experiencias. En casos concretos, el mentor quiere adelantar lo que no podrá cumplir, con relación al programa de estudios. En otros, no llega preparado y sustituye con ello la falta; en otro más, requiere del trabajo del alumno, para algún ensayo, publicación personal, y usa las investigaciones de sus alumn@s.

Algun@s maestr@s conscientes, dejan tareas solo de lunes a jueves, incluso aquellos que laboran en instituciones privadas como el Colegio Americano. Sábado y domingo lo consideran casi sagrado. Esto, además, incluye los períodos vacacionales. Cuántos de nosotros recordamos la pesadumbre de regresar a clases con montones de hojas y hojas, derivado de lo que nos dejaron encargado.

En concreto, se dice que las labores escolares en casa no necesariamente auxilian en el aprendizaje. También, que las cargas excesivas son antipedagógicas y causan conflictos.

Un elemento no considerado en la preparación de esos trabajos, en tiempos no lejanos, es la aparición de internet. Si bien, algunos profesores cuidan que el alumno haga lo adecuado, no faltará aquel (la) que se lo plagie de la red. Hoy día, bastan unos cuantos teclazos para que lo encargado pueda tenerse, no solo con la extensión requerida, sino en síntesis y con pies de página. Todo está en la red. Y, al decir todo, es todo.

No están muy lejanos aquellos días en los que investigar era una verdadera odisea. El simple hecho de acudir a las bibliotecas públicas ya era algo para pensarse. No únicamente era el tiempo, también el dinero para los pasajes y algún alimento o refrigerio.

La posible solución al tema, si se quisiera tener una alternativa, pudiera ser la tarea y su cumplimiento en la misma escuela. Una hora más, al final, podría ser la respuesta a este asunto de gran relevancia.

Como resultado, el (la) alumno (a) dedicaría los tiempos recuperados a la convivencia familiar, a alguna ayuda en casa, a actividades deportivas, de recreación, culturales, lúdicas

Pero, hay algo que la simplificación de las tareas pudiera ayudar a la cultura en general: una mirada hacia la lectura.

Como ya es de todos conocido, los mexicanos leemos poco. En tiempos de Fox, lo recordamos, la media era un libro leído, por año. Hemos avanzado. Llevamos dos. Por supuesto que eso no es un gran avance.

Qué hacer, cómo aprovechar esta posibilidad. Puede ser una carambola de tres bandas: que l@s hij@s leyeran libros, esos sí, dejados como actividades en casa, pero de mediano plazo. La idea es que pudieran hacerlo junto con sus padres, como proyecto de integración, para las instituciones y de desarrollo para los demás.

De esa manera, l@s menores obtendrían el hábito de la lectura. También, los adultos podrían contagiarse de tal costumbre. Y, como corolario, una de las ventajas de dejar las tareas para la escuela: la comunión familiar que se ha perdido.

Aquí lo dejo para saber si a alguien le interesa.
jaimealcantara2005@hotmail.com