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Una tras otra

  • Jaime Alcántara

Madres

A mi Madre,

María Carmen.

Sin ella en mi existencia,

mi vida, la de mis herman@s, 

quizá, habría sido difícil.

Hoy flota un madrismo en el ambiente, dijera Mafalda (Quino). Todos (quienes tenemos madre, quienes la tuvieron y honraron) nos acordamos de ella.

En mi familia hay la costumbre de quererla todo el año. Este día, normalmente, le llamamos, le reiteramos nuestro amor y si estamos cerca (por cuestiones geográficas, de trabajo), la apapachamos más, le recalcamos nuestro cariño, nuestro amor. Si no, por las condiciones dichas, simplemente le confirmamos lo que ella sabe.

Por cuestiones meramente comerciales, hoy día, los hijos se desviven en regalos, en atenciones, lo que no está mal, si es sincero, si de verdad la quieren en el resto de los días pasados.

Para asuntos de los porqués de esta celebración, vale la pena rememorar los antecedentes de este muy merecido homenaje a las culpables de que hoy andemos por el mundo.

Hay la creencia, que esto ya se celebraba allá, en la Grecia de los Dioses olímpicos, en honor de Rhea, la madre de Júpiter, Neptuno y Plutón.

En el México antiguo, también existían celebraciones, sobre todo a Tonantzin o Coatlicue, madre de Huitzilopochtli y Coyolxauhqui, cuya celebración principal podría coincidir con el 10 de mayo.

Para los efectos contemporáneos, se sabe que en la Inglaterra del siglo XVII, tal vez, fue donde hubo los primeros antecedentes de la celebración que hoy conocemos. Hay registros históricos donde nos dicen que un domingo del año, denominado “Domingo de la Madre”, se permitía a los siervos y empleados un día libre para que fueran a visitar a sus madres. Ese día, se sabe, los hijos llevaban un pastel denominado “Tarta de las Madres”.

En Estados Unidos, la primera celebración pública del “Día de las Madres” se realizó en el otoño de 1872, en Boston, por iniciativa de la escritora Julia Ward Howe (creadora del “Himno a la República”).

Diversos antecedentes nos dicen, empero, que esa celebración cayó en el olvido. No sería, sino hasta la primavera de 1907, en Grafton, Virginia, cuando se volvió al “Día de las Madres”. Ana Jarvis, ama de casa, comenzó una campaña nacional para establecer un día dedicado a las madres estadunidenses.

A la muerte de Jarvis, la hija decidió convocar (…) a maestros, religiosos, políticos, abogados y otras personalidades (…) para que la apoyaran en el proyecto de celebrar el “Día de las Madres”, en el aniversario de la muerte de su propia progenitora, el segundo domingo de mayo. Para 1910 esta fecha ya era toda una celebración en casi todo Estados Unidos.

En 1914, el Presidente Woodrow Wilson firmó la proclamación del “Día de la Madre”, que debía ser celebrada el segundo domingo del mes de mayo. La primera conmemoración oficial tuvo lugar un 10 de mayo, adoptado por muchos otros países del mundo como la fecha del “Día de las Madres”.

Las primeras celebraciones, y la idea principal, era hacerlas sentir bien. Para ello, las manifestaciones eran llevar, únicamente, una rosa, una flor, que les entregaban, para decirles lo significativo que eran.

Podemos tener la certeza que en aquellos tiempos, los festejos no consistían en competir para saber quién llevaba más regalos o quiénes hacían más por quienes han sido y serán, per secula seculorum, las hacedoras, en un gran porcentaje de nuestro presente y futuro.

Por ello, tratarlas bien; hacer su vida llevadera, dependiendo de la condición económica, es la mejor manera de celebrarles lo mucho que hacen o hicieron por nosotros.

Honor y dedicación a ellas.

jaimealcantara2005@hotmail.com