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Una Tras Otra

  • Jaime Alcántara

  • Jaime Alcántara Silva
  • Menos legisladores

 

El grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados presentó una iniciativa para reducir el número de diputados y senadores.

El asunto no es nuevo, como tampoco la animadversión hacia ellos.

Hace muchos años se pergeñaba, sobre todo al diputado (quién sabe por qué), como un hombre gordo, con texana, puro y pistola. El rostro arrogante, con mirada de pocos amigos, iluminó a no pocas publicaciones.

Una edición de los años 70, titulada El Diputado, ilustraba bien lo que sus malquerientes querían ver en ese sujeto, supuestamente todopoderoso. Quizá, como ahora, era la personificación de lo malo, de lo torcido, de lo despreciable y, también, para quienes podrían tener posibilidad pero que no lo conseguían, no obstante sus tantas intentonas (externas y soterradas), lo envidiable.

La arremetida ahora es contra los plurinominales.

La culpa de todo ello, siempre lo he afirmado, son los propios legisladores: nunca se defienden. Tal vez porque no lo sienten necesario, quizá porque no saben cómo. Al final es lo mismo. En el pecado llevan la penitencia.

Y, ¿qué son los diputados de representación proporcional (plurinominales) que tanto escozor causan? Veamos si lo puedo explicar.

Se puede entender mejor si se conoce la intención de la Reforma Política de 1979. Ésta fue impulsada por José López Portillo, por medio de su gran operador político, Jesús Reyes Heroles.

Para conformar el Colegio Electoral (autocalificación), ya desaparecido ahora, se ideó un porcentaje de 60/40, para integrarlo en un total de 100, de los 400 que integrarían la Cámara de Diputados (a los senadores los calificaban las Cámaras locales).

Los 60 eran del partido mayoritario, y los restantes, de los minoritarios. Ahora bien, se trataba de un sistema con un partido hegemónico, pero es el antecedente.

Obvio es que la oposición, de minoría, enviaba a sus mejores jilgueros, catedráticos, experimentados, versados en el debate, diestros en la esgrima verbal.

La idea era que, en aquellos distritos “nobles” para el PRI, se nominaran como candidatos a personajes que pudieran cumplir con ese perfil.

Con Miguel de la Madrid (Manuel Bartlett fue el diseñador) vino otra reforma. Allí aumentaron de 400 a 500 Diputados (100 pluris más) y aparecieron los “Senadores Plurinominales” que, en teoría, a nadie representan.

Pero, ¿cuál era la intención? Según parece, lo mismo que los pluris de la anterior. Esto es, que los propuestos a la representación proporcional fueran académicos, técnicos en los diversos asuntos del quehacer público, líderes (de a deveras). Esto es, con el mismo propósito, se trataba que los designados por los partidos fueran gente con experiencia y/o conocimientos, para que pudieran hacerle contrapeso al Ejecutivo, siempre con más posibilidades, por la misma estructura.

Quitar o no los pluris, bajarlos en número, si no se atiende a estos principios, de poco servirá.

Porque, amén de la indefensión ya comentada, del Poder Legislativo, estará la otra carga, la de la culpa de sobrerrepresentación. Hemos visto hasta la saciedad que los pluris son aquellos que no pueden ganar un distrito, generalmente por desconocimiento o inexperiencia. Pero, aquí están los de siempre, los recomendados, entreverados con uno que otro que sí sabe a lo que va.
jaimealcantara2005@hotmail.com