imagotipo

Una tras otra

  • Jaime Alcántara

Mi tío Pancho

Recién murió el último de los hermanos de la dinastía de mi padre. Mi Tío Pancho, como coloquialmente lo conocíamos, partió de este mundo, hace apenas unos días.

Y, ¿qué tendrá que ver mi Tío Pancho, con los asuntos de la vida pública que me toca comentar, cada semana? Veamos.

Con mi tío, para mí, se fue una de las costumbres que nos hicieron respetables; recios, pero sensibles con los temas que tenían que ver con las acciones cotidianas y que, necesariamente, impactaban (impactan) en la sociedad. Se fueron muchas de las formas del hacer, que nos distinguían del resto del mundo, aún con nuestros defectos y debilidades.

Muchas de las formas de la sociedad que nos dio sustento, se fueron perdiendo. Los valores cambiaron, quizá con la postmodernidad, quizá con lo acomodaticio de muchos de nosotros. Nada fue ya igual, con el devenir de la globalización.

Aquella generación, de la que me acuerdo, era la que daba en prenda su palabra y… la cumplía. Aquella que no traicionaba sus ideales, aún a expensas de su futuro económico, social, político. Aquella que nos hizo que los Gobiernos de la Revolución construyeran lo grande que es México, sin menoscabo de lo personal, en la medida en que la economía lo soportaba, así los detractores digan lo que digan.

Aquel tío era de los que empeñaban la palabra y, la cumplían a carta cabal; quizá algunos escarceos, pero al final: el honor.

Vale, por lo demás, comentar una anécdota de lo cotidiano, de la que pude dar fe, para ilustrar mi aserto.

Un ciudadano, varias veces diputado, hizo una apuesta. La apuesta no solo era la muestra de lo endeble del carácter, sino de lo torcido que se puede ser.

Una, apostaba solo a ganar. Dos, apostaba en contra de lo que él debió defender. Si hubiera sido al ganador de América contra las chivas rayadas, no hubiera tenido mayor trascendencia.

Apostó a que perdería un candidato a gobernador (Colima), de su Partido. No obstante la negativa, insistió. Finalmente le fue aceptada. Dos a uno, dijo. Pidió la extensión al de Nuevo León, para que mordiera el polvo, también, su filiación.

Perdió. A la par de su traición emocional, se negó a pagar lo estipulado. Esto es, las nuevas señales de los tiempos en un solo individuo: la facilidad para traicionar.

Y con ese tipo de actitudes muchas veces, la gente, con cierta justificación, generaliza.

Desafortunadamente, no es un caso aislado. No bien se le va la nominación a algún miembro de una Organización política, cuando ya está preparando su mudanza para emigrar por caminos diferentes al que lo hicieron conocido, importante y, a veces, hasta potentado. Lo importante es figurar, en demérito de todo lo que pudiera considerarse ético dentro de la política.

Que hay justificaciones, por supuesto que las hay. A muchos miembros de un Partido Político, en ocasiones, les niegan las posibilidades para contender, con ventaja, contra otras ideologías.

Aún así much@s resisten, pero habrá quienes tengan que retomar el rumbo, por habérseles cerrado el camino por el que transitaron tantas veces.

Mi tío Pancho, también era de los que creía en los grandes valores de la nación, como concepto, como fin.

Nada más dañino para nosotros que aquellas formas ignorantes de hacer Gobierno. Nada más agraviante que aquellas políticas de enfrentar los problemas, sin un ápice de conocimientos, de sensibilidad.

De allí lo que todavía sufrimos, de inseguridad, de economía.

Muchas formas se las ha llevado el tiempo, como se lleva el viento las hojas en el otoño. Por eso extrañaré a mi tío, a aquellas generaciones de valores, entre las que también estuvo mi padre.

jaimealcantara2005@hotmail.com