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Una Tras Otra

  • Jaime Alcántara

  • Jaime Alcántara Silva

Nos podemos imaginar un mundo donde solo hubiera derechos?

Que yo sepa, hace un infinitesimal de años que desapareció el paraíso terrenal. De allí en adelante, con pecado de Eva o sin él, todos los seres humanos estamos condenados a las obligaciones, para poder tener derechos (o, al revés, según la óptica).

 

Pero, veamos alguna excepción.

Quien haya leído la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, cuando menos habrá arqueado las cejas. Como bien se enuncia, en ella solo hay derechos. Alguien pudiera objetar: bueno, la ley dice “de los Derechos (…)” y tendrá razón, literalmente hablando.

Quizá muchos como yo, pensamos que debería haber un capítulo de obligaciones. Tal vez respetar a sus padres, ser responsables en su entorno ecológico, ayudar, en la medida de lo posible y de acuerdo a su edad, en los quehaceres de la casa, etc.

Por supuesto que los xenófilos, a tabla rasa, pensarán que Estados Unidos, que Finlandia, que Alemania; que la interpretación de los tratados internacionales…

¿Ahora bien, qué ordena la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes?.

En su Artículo 145 dice, a la letra:La duración máxima de las medidas de sanción que se podrá imponer a la persona, que al momento de la comisión de la conducta tuviere entre 14  años cumplidos y menos de 16 años, será de tres años. La duración máxima de las medidas de sanción que se podrá imponer a las personas adolescentes, que al momento de la comisión de la conducta tuvieren entre 16 años y menos de 18 años será de cinco años. (…) La duración máxima del internamiento podrá ser de hasta cinco años en los casos de homicidio calificado, violación tumultuaria, en los casos de secuestro; hechos señalados como delitos en materia de trata de personas y delincuencia organizada.

A qué voy.

Recientemente ocurrió, como todos lo sabemos, por habernos enterado en los noticiarios, que un adolescente disparó e hirió a una maestra y a compañeros del Colegio Americano de Nuevo León.

En Puebla, un adolescente de 15 años asesinó a sus padres y, de milagro, se salvaron los hermanos, porque se le acabaron las balas.

En el primer caso, el menor se suicidó. En el segundo, está sujeto a proceso y no durará ni la pena máxima, de cinco años, por la determinación constitucional.

Ah, casi para terminar el anterior sexenio, se cambiaron algunos preceptos, que permitían que un menor de 16 años pudiera juzgarse como adulto, por quién sabe qué razones.

La televisión, los medios impresos, las redes sociales, hoy día, permiten que alguien de 16 años sepa más que uno de 20 o más, de hace poco tiempo, cuando no existían estos adelantos tecnológicos. Y, la ley caminó en sentido contrario.

Lo ideal, claro, sería que los considerados menores, para estos efectos, pudieran ser tratados psicológicamente para poder salir y reintegrarse a la sociedad, pero eso no ocurre.

Los resultados son que, una buena parte de las mafias y grupos delincuenciales ocupen a menores de edad para cometer sus crímenes. Así, el muchacho sabe que saldrá pronto y, seguramente, podrá seguir con los malos pasos. Total, cuántos son tres o, máximo, cinco años.

Este es un tema de verdadera preocupación social. Ojalá y el Ejecutivo o el Legislativo tomen cartas en el asunto, para bajar de edad la punibilidad. Vivimos en otros tiempos, demasiado peligrosos.
jaimealcantara2005@hotmail.com