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Una Tras Otra

  • Jaime Alcántara

  • Jaime Alcántara Silva
  • Arrepentimiento efectivo sin solución

Felicidades al Ejército mexicano en su día.

Ni Hollywood, con tanta imaginación como tiene, pudo predecir un Gobierno como el de Trump. A estas alturas, el guion, originalmente de un hipotético tema político “normal”, seguramente habría mutado hacia el cine de terror.

Solo voy a dar un ejemplo, un comparativo, para ilustrar mi decir. Qué pasará si, en determinado momento, tuviera que enfrentar una situación similar a la “Crisis de los Misiles”.

Como todos estamos enterados, este suceso ocurrió en 1962, cuando Nikita Kruschev envió tales artefactos a Cuba.

John F. Kennedy, presidente, tuvo que negociar para impedir que la entonces Unión Soviética pusiera cohetes apuntando a los diferentes lugares de Norteamérica, desde Miami hasta Washington.

Sin lugar a dudas, tal asunto debió haber precisado de toda la inteligencia y sensatez del entonces mandatario. ¿Las tendrá el actual?

Trump prácticamente ha sustituido al Congreso, en estos pocos días, para la gobernación de su país. A golpe de plumazo y acuerdos ejecutivos, ha fijado su postura en relación a los países que le caen mal. Lo mismo aquellos pueblos árabes que sus vecinos, con más de tres mil kilómetros de frontera. Igual su posición antiecológica, por el asunto de la reactivación de los gaseoductos Keystone XL y Dakota, o su postura ante el eterno rival: Rusia y el polémico presidente Vladimir Putin. Del asunto migratorio, en sí, ya ni hablar.

Y, aquí viene la reflexión. Tal vez haya un gran número de ciudadanos norteamericanos que no sepan historia. Cuando menos que no asocien hechos, de diferentes latitudes, con la de su propio país.

Es obvio que Trump, al igual que Hitler, supieron muy bien enfocar su discurso. El austriaco (no nació en la Alemania actual), por los efectos perniciosos de los Tratados de Versalles que condenaron al país a aceptar una rendición verdaderamente draconiana, y que puso a los ciudadanos alemanes al borde de la miseria.

Trump enfocó sus baterías a aquellos sujetos supuestamente olvidados, que tenían remembranzas de un pasado glorioso cuando el esclavismo era cosa común en la Unión Americana.

Hitler pidió y obtuvo el favor de la gran industria alemana. La burguesía, esencialmente, dio su apoyo para desplegar un potencial para “reivindicar” a los germanos. Nunca se imaginaron en lo que se habrían de meter.

Un mes, pasadito, y la mayoría de estadunidenses empieza a ver que Trump no les mintió. Si pensaban que eran puras frases de campaña, se equivocaron. Claro que no puede hacer todo lo que le plazca, pero el sistema presidencial le brinda muchas prerrogativas.

Ahora bien, se justifica la decisión de aquellos que se decían marginados; de quienes podrían haberse sentido ignorados. Pero…

Y ¿los latinos (torpes) que solo Dios sabe por qué creyeron que tal decisión los beneficiaría? Y ¿las grandes empresas que ahora se ven entre la espada y la pared, porque tienen que decidir acerca de sus inversiones en países donde han tenido pingües utilidades, obligados a volver a la rígida legislación y altos costos de su tierra? Y ¿los medianos empresarios que dependen, para subsistir, de la mano de obra latina, porque esos trabajos no los hace el ciudadano de allá?

Claro que Trump pareciera ser su propio enemigo y, quizá ayude. Pero ¿y si la brinca, como con su elección cuando pocos le apostaban un cacahuate?

Y ¿si le falla el cálculo con Rusia, y en un ataque de locura, le aprieta el botón rojo de la caja del miedo?
jaimealcantara2005@hotmail.com