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Una Tras Otra

  • Jaime Alcántara

  • Los salarios de los servidores públicos
  • jaime Alcántara Silva

Alguna vez, Vicente Fox, en su función de presidente de la República, dijo: “El salario me lo fijaron los diputados”. Y eso es totalmente cierto. Es más, hasta pudo haberse hecho víctima. Pero, como siempre, le faltó ingenio. Me explicó.

El proyecto de presupuesto de Egresos de la Federación para el año 2000 llevaba una propuesta. El titular del Ejecutivo ganaría igual que un subsecretario, esto era alrededor de 129 mil pesos mensuales. Un secretario, más/menos, percibía 140 mil, y él, de acuerdo a los antecedentes, 150, si mal no recuerdo.

Al ponerse a discusión el proyecto en la comisión respectiva, uno de los diputados comentó, en referencia a lo enviado por él: “La propuesta está mal. Eso es demagogia. El Presidente no puede ganar igual que un subalterno, de segundo nivel. La política debe ser seria. Es más, propongo a ustedes que el salario se eleve a 300 mil”. Era, aproximadamente el doble, de lo que había ganado su antecesor. Los integrantes de la mesa arquearon las cejas. “¿Qué fumó este cuate?”, se han de haber preguntado, en el entendido que el proponente era de un partido de oposición.

El diputado prosiguió: “Mi propuesta es seria, con una recomendación. La Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos, de 1983, dice a la letra “toda ineficiencia (esto es, que afecte a la nación) debe ser considerada como un acto de corrupción. Porque, para el caso, es lo mismo uno que otro. En ese entendido, debe haber una constante fiscalización a efecto de que el responsable del Ejecutivo rinda cuentas, pero no por medio de un informe, sino con variables que puedan analizar con precisión la alta responsabilidad que tiene”. Claro que, conociendo a su correligionario, la bancada del PAN lo rechazó.

Esto, sin embargo, es algo más que una simple anécdota o una propuesta.

Tales mandos de la Federación, de los estados, deben tener una retribución que les permita vivir, sin la tentación de, cuando menos, la idea de poner un despacho para atender asuntos que pudieran distraerlo de su principal función. Peor aún, que dadas las escasas entradas, sean tentados por el diablo, como ha ocurrido y, quizá, seguirá pasando.

Una nota de Raúl Trejo Delarbre en su blog nos ilustra bien: “Los sueldos en los altos niveles de la administración pública tienen que ser elevados. No puede pretenderse que a un profesional con reconocida especialidad en su campo y a quien se le encarga el cumplimiento de una responsabilidad importante, el país le pague unos cuantos miles de pesos”.

“Salario mínimo al Presidente, para que vea lo que se siente” es un buen grito de guerra, pero sería algo más que un absurdo. Igual, quienes proponen que el presidente, el senador, el diputado, se vayan a hacer fila a la clínica más cercana a su casa. Y no se trata de creer que estos personajes sean exquisitos o se sientan elegidos. No. Ellos tienen responsabilidades que van más allá de una tarea común, tienen que atender los negocios propios del Estado. Su tiempo, es el tiempo que deben dedicar al cuidado de nosotros, sus representados o sus gobernados.

En todo caso, hay que vigilarlos, tanto en su hacer diario como en sus caudales (sin cuentos, sin invenciones, sin antagonismos; sin envidias).

No es un ejercicio sencillo. Gente con cierta cultura y con conocimientos de lo que son los negocios públicos (aparentemente neutrales) caen en lo mismo.

Mirar con objetividad nos dará mejores productos políticos.
jaimealcantara2005@hotmail.com