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Una Tras Otra

  • Jaime Alcántara

  • El capitalismo de Trump
  • Jaime Alcántara

“El respeto al derecho ajeno es la paz”. Benito Juárez

Qué pasaría si todas las empresas norteamericanas se regresaran a Estados Unidos. Es decir, sus filiales, porque las matrices están allá.

Pongamos el caso de las armadoras automotrices, en quienes ha estado enfocando sus baterías aquel empresario metido a político. A su reducida visión, pareciera de ayuda a sus coterráneos y, a los demás, el daño.

Viéndolo así, de entrada, se encarecerían los costos por la mano de obra, por la materia prima, que es más barata en los países en vías de desarrollo, por los aranceles.

El mundo capitalista se ideó para que los grandes trusts de las naciones industrializadas se llevaran la tajada mayor. De eso no hay la mínima duda. Sin ello, no habrían tenido tema Marx, Owens, Proudhon. Engels, y tantos pensadores de izquierda radical, para tratar de hacer valer sus teorías. Van desde los “materialistas dialécticos”, hasta los “socialistas utópicos” como les motejó el autor de “El Capital”.

En el desarrollo de aquellas tesis, no queda duda que el capitalismo, primero, empieza por su tierra. Conquistada ya (con doctrina y todo lo demás), emprenderá la conquista de tierras, en una primera fase, ya concluida a la fecha. Después, lo que ocurre en estos tiempos, el trofeo mayor, el asalto a los mercados.

Para tratar de ser imparcial, hay que decir que el capitalismo ha rendido frutos. No es difícil discernir entre las ruinas del socialismo en la excortina de hierro, la de bambú, y los países del hemisferio occidental, con adición del país del sol naciente.

Solo una muestra. En sus teorías sobre población, Thomas Malthus hablaba del crecimiento exponencial de ésta, en tanto que los alimentos crecerían, apenas a un ritmo aritmético. Es decir, la población a un dos, cuatro, ocho, 16, 32… Y aquellos, avanzarían tan solo a una velocidad de dos, tres, cuatro, cinco, seis… Y sin ser catastrofista, quizá el autor inglés no estaba equivocado. Aquí, este sistema cumplió con sus expectativas. La competencia brutal entre particulares, casi sin intervención del Estado, pudo hacer que casi no haya hambrunas en el mundo. Digo, casi. Las teorías de Malthus se derrumbaron por los adelantos tecnológicos y la producción de los países occidentales.

Pero y ¿qué pasa, ahora que el capitalismo se adueñó de casi todo? Hoy, casi todo el mundo es interdependiente, para su vivencia. ¿Qué esperar si se cumplieran las barbaridades de Trump, si hubiera otra guerra, ahora comercial?

Volviendo al inicio. Ford, Chrysler, General Motors, todos regresarían a su casa. Claro que habría más trabajo para los norteamericanos (en un rango menor si revisamos su número de habitantes). ¿Qué pasaría con el resto de los países? ¿Acaso el magnate ignorante creerá que el mundo le compraría sus muebles al precio que impusieran? Por supuesto que no.

Peor aún. Hubo amenazas para empresas como Walmart, que vive del comercio al menudeo. Es decir que es una simple intermediaria.

Supongamos que también le hiciera caso. ¿A quién le vendería sus productos? ¿Solo a los estadunidenses?

No es nuestro Presidente, pero valdría la pena que leyera algo sobre el comportamiento de la economía. Que dejara un rato el twitter; de ver únicamente la televisión, y ojeara un libro.

Así, no solo demostraría que no es tan ignorante como parece, sino que podría dar una muestra de conocimiento al mundo que, de no ser trágico (porque está al mando de la primera potencia mundial), sería material para muchos de los chistes de Conan O’Brien.
jaimealcantara2005@hotmail.com